Dice la célebre frase... y yo me fui a vivir a una!
Coexistir junto al río no se parece a nada a lo que yo haya estado acostumbrada.
Bichito de ciudad desde la cuna, siempre disfruté del aire libre y me sentí más plena rodeada de naturaleza que de cemento, pero mis experiencias en campamentos o vacaciones no tienen punto de comparación con mi nueva rutina.
Tuve que aprender de cero.
Mi primer desafío, pasada la vorágine y la excitación de la vuelta de página en mi vida, fue lidiar con los miedos… Ni más ni menos. Maldita tarea.
El tema con los miedos es que uno no tiene a dónde escaparse, dónde esconderse… y mucho menos cuando sentís que estás en el medio de la nada, rodeada solamente de vos misma!
Agarrate Catalina!
Hay que hacer de tripas corazón y darle pa´delante, poniendo el pecho y tratando de seguir, de avanzar.
Los temores venían en formato guía telefónica o Libro gordo de Petete, como prefieran… Se abalanzaban sobre mi, estrepitosamente…
Me abrumaban tantas preguntas: ¿Qué hago yo acá? ¿Y si no me banco ni dos días? ¿Y si la isla está llena de locos? ¿Y si hay tormenta? ¿Y si se corta la luz? ¿Y si crece el río y se inunda todo? ¿Y si no puedo volver a tierra firme? ¿Y si pierdo los remos en mitad del agua? ¿Si me atacan serpientes y arañas? ¿Si me caigo en mitad de la noche y nadie se entera? ¿Si me enfermo y llueve y no me anda el motorcito de la lancha y me caigo al río y me atacan peces extraños y me muero y nadie se percata?
Uh, era terrible… Un torbellino que terminaba cerca de una película de terror clase Z.
Creí que iba a enloquecer… y aún no habían pasado 24 horas desde mi llegada.
Por suerte, no estaba del todo sola…
Chavela saltaba feliz por el parque, se revolcaba por el césped y se asomaba al borde del agua, hundiendo su hocico para formar burbujas sonoras.
Me arrancó una carcajada y eso me relajó.
Caminé descalza un rato y la vista me abrazó dándome la más cálida de las bienvenidas.
Si me muero, más tarde o más temprano, alguien se va a dar cuenta. Y, la verdad, si me tengo que morir, este es un buen lugar para hacerlo. Además, hay menos probabilidades de que me ahogue en el arroyo que tengo enfrente que de que me la den en un asalto en Capital, ponele, o que me pise un bondi, sino. Acá puede haber tantas bichas alrededor de mi casa como en Buenos Aires había ratas y cucarachas. Y si me quedo incomunicada y a oscuras, me abrazaré a Chave y cantaré con toda la fuerza de mis pulmones, como todas las veces que me atrapó el pánico. Si la isla está poblada por lunáticos, me uno al club y me dejo ser de una vez por todas! Y si no me lo banco ni un día, me vuelvo y veo qué mierda hago!!
Y, claro, me di cuenta de golpe qué hacía yo acá…
Vine a encontrarme conmigo misma, a conocerme…
jueves, 11 de agosto de 2011
jueves, 14 de julio de 2011
THE PROPOSAL
“Yo te propongo que nos amemos / nos entreguemos / y en el momento / que el tiempo afuera no corra mas /… / Yo te propongo de madrugada / si estás cansada / darte mis brazos y en un abrazo / hacerte a ti dormir / Yo te propongo no hablar de nada / seguir muy juntos la misma senda /… / y más que todo / después de todo / brindarte a ti mi paz…”
Roberto Carlos parece querer muchas más cosas de las que propone en su canción si nos dejamos influenciar por su tono seductor…
Pero, si bien fue un hombre quien me hizo “la” proposición de la que les hablé, yo sigo siendo yo y nadie me va a venir a andar proponiendo cosas indecorosas o fastuosas o ni hablar románticamente maravillosas…
Me ofrecieron una locura, tal vez para los ojos de algunos… No, me ofrecieron una locura… Sólo que yo estoy un poco loca y me pareció que entre demenciales nos íbamos a entender.
Para mi la balada del brasilero es entonada por el río: mi nuevo vecino.
Vengo de familia de agua, por un ramal de mi madre, y un abuelo marinero, y mis hermanos kayakeros y yo… remo!
En serio, más allá de “remarla” casi siempre para salir airosa, adoro el remo como deporte. De chica lo practiqué mucho, después lo dejé de practicar (cosas de adolescentes, cosas de la vida), cada tanto volvía a remar y ahora… es mi medio más común de locomoción.
A través de uno de mis hermanos me entero que unos conocidos están necesitando gente para laburar: un trabajo nuevo para mi, aunque estaba capacitada totalmente para cubrirlo; dinero promedio, no era lo que más me tentaba ni me interesaba; iba a estar sola, haciendo algo no muy forzoso… y me daban casa… en un lugar precioso… pero, muy diferente a donde solía vivir…
Al principio comenzó como una broma y de a poco fue cobrando matices hasta llegar a tenerlo todo: era justo lo que necesitaba!
Un ticket hacia una nueva aventura.
Siempre pienso en el miedo que dicen que tienen los escritores a la hoja en blanco… Para mi significa un desafío, un poder crear de cero lo que sea, pero, claro, yo lejos estoy de ser escritora.
Aunque escribo mi propia historia, esta que hoy vuelvo a compartirles.
“Me llamo Manuela Leis Lema, pero todos me conocen como Meme. Tengo 30 años cumplidos, lo que significa que estoy atravesando mis 31. Vivo con mi adorada perra negra Chavela “La Brava” y convivo a veces con algunas otras especies animales que residen por el fondo de mi morada. Soy sola, pero ya no me pesa como antes, o quizás pesa distinto, quién sabe. Durante la semana reparto mi tiempo entre mis “trabajitos de artesana”, los quehaceres domésticos, parte de mi función laboral puntual y algunas cosillas que me entretienen las horas. Los fines de semana dedico gran parte a mi nuevo trabajo como guía y a recibir visitas en mi casita del Tigre.”
Roberto Carlos parece querer muchas más cosas de las que propone en su canción si nos dejamos influenciar por su tono seductor…
Pero, si bien fue un hombre quien me hizo “la” proposición de la que les hablé, yo sigo siendo yo y nadie me va a venir a andar proponiendo cosas indecorosas o fastuosas o ni hablar románticamente maravillosas…
Me ofrecieron una locura, tal vez para los ojos de algunos… No, me ofrecieron una locura… Sólo que yo estoy un poco loca y me pareció que entre demenciales nos íbamos a entender.
Para mi la balada del brasilero es entonada por el río: mi nuevo vecino.
Vengo de familia de agua, por un ramal de mi madre, y un abuelo marinero, y mis hermanos kayakeros y yo… remo!
En serio, más allá de “remarla” casi siempre para salir airosa, adoro el remo como deporte. De chica lo practiqué mucho, después lo dejé de practicar (cosas de adolescentes, cosas de la vida), cada tanto volvía a remar y ahora… es mi medio más común de locomoción.
A través de uno de mis hermanos me entero que unos conocidos están necesitando gente para laburar: un trabajo nuevo para mi, aunque estaba capacitada totalmente para cubrirlo; dinero promedio, no era lo que más me tentaba ni me interesaba; iba a estar sola, haciendo algo no muy forzoso… y me daban casa… en un lugar precioso… pero, muy diferente a donde solía vivir…
Al principio comenzó como una broma y de a poco fue cobrando matices hasta llegar a tenerlo todo: era justo lo que necesitaba!
Un ticket hacia una nueva aventura.
Siempre pienso en el miedo que dicen que tienen los escritores a la hoja en blanco… Para mi significa un desafío, un poder crear de cero lo que sea, pero, claro, yo lejos estoy de ser escritora.
Aunque escribo mi propia historia, esta que hoy vuelvo a compartirles.
“Me llamo Manuela Leis Lema, pero todos me conocen como Meme. Tengo 30 años cumplidos, lo que significa que estoy atravesando mis 31. Vivo con mi adorada perra negra Chavela “La Brava” y convivo a veces con algunas otras especies animales que residen por el fondo de mi morada. Soy sola, pero ya no me pesa como antes, o quizás pesa distinto, quién sabe. Durante la semana reparto mi tiempo entre mis “trabajitos de artesana”, los quehaceres domésticos, parte de mi función laboral puntual y algunas cosillas que me entretienen las horas. Los fines de semana dedico gran parte a mi nuevo trabajo como guía y a recibir visitas en mi casita del Tigre.”
viernes, 8 de julio de 2011
VOLVER… CON LA FRENTE MARCHITA
"Tengo que sentarme y postear aunque sea lo que ya tengo escrito", me levante convencida esta mañana.
Las cosas ya no son lo que eran en mi vida y este blog corrió esa misma suerte...
Cuando escribí la primera entrada lo hice desde la necesidad de decir, de contar, más allá del desafío impuesto por Greta, mi psicóloga... Sentía el apremio de hacer catarsis a través de mi escritura, de mi "poder" expresarme de algún modo...
No es que hoy no lo disfrute ni me resulte terapéutico, sólo que no me hace falta, no me es elemental para seguir andando y entendiendo...
Pongamosle que en estos días me dan más ganas de vivir la vida que analizarla! De ir viendo qué me pasa y cómo lo resuelvo justo en el momento en que las cosas dan conmigo y no antes...
Me siento más liviana, más yo... aunque estoy distinta, aunque sea otra...
En las últimas publicaciones, hablé de los tres hombres que rondaban por mi existencia desde que arranqué esta vorágine de palabras online y dejaba temas al pendiente para una próxima vez... que nunca llegó!
Quisiera no extenderme, quisiera por una vez ser breve a la hora de explicar, de narrar... Concentrarme sólo en lo importante y desechar los detalles a un costado... Es difícil, sobre todo porque pasó mucho y muy desordenado y sin sentido...
Anhelaba tanto irme de ese trabajo que no me complacía en lo más mínimo, o en verdad sí, me complacía en lo elemental: un sueldo más o menos digno, en blanco, con obra social y aportes; buenos compañeros que se convirtieron en amigos y... si me tienen un poco de paciencia, quizás, que le rescato algo más! Pero, ¿podían estas razones atarme? ¿Qué perdía yendome de ahí? ¿Y lo que ganaba acaso no jugaba?
Mientras yo meditaba sobre cuál era la decisión correcta, el mejor plan a emplear o lo que fuere, la empresa decidió "dejarme ir", después de un altercado menor con el imbécil de mi jefe, quién pidió que me invitasen amablemente a retirarme de mi puesto.
No vale la pena entrar en los rincones pestilentes que cercaron toda esta situación. La gente oscura y siniestra de pensamiento, aquellos que se creen algo mejor por estar en un determinado lugar, no son destino posible para mis energías.
La cuestión es que de la noche a la mañana me convertí en "desempleada", un rubro en el que no he tenido ninguna experiencia positiva anteriormente. Nací para ser activa, la pasividad del no hacer me desquicia... God help me! (y a todos los que me rodeen)
Tuve ese primer comienzo del goce, del placer casi vacacional que se palpita al no tener que atenerse a horarios ni estructuras. Me duró una semana y media, con toda la furia.
Después entré en el trance "desperate housewife", dele que te dele limpiando y acomodando todo el día. Insoportable!
No había novedades laborales y la temporada de bajón, no me soporto, no te soporto, no soporto al mundo, me convierto ya en bicho bola, duró bastante tiempo...
Para cuando llegó la época del "agarro cualquier cosa, lo que sea", hubo un problema mayor con el que lidiar: no estaba pudiendo mantenerme... económicamente hablando. Y el destino no me tiraba un centro...
Período de decisiones varias. No time for thinking, just to act! Hubo que improvisar...
En una de las conversaciones más lindas de mi vida, mi querido amigo Puma me invitó a refugiarme entre sus cuatro paredes. Parecía una locura (mi mamá así lo creía; obvio, para ella era más sencillo entender que aceptara el dinero que con mi papá me querían prestar, o que me mudara a su casa - esa si hubiese sido una verdadera cosa de locos!), pero en ese momento no había espacio para las coherencias en mis días, en mis horas, en mis minutos... Irme a vivir con el Puma era lo más sensato!
La convivencia fue buena hasta que dejó de serlo, lógico. Los roces surgieron y me pareció mejor buscar casa nueva que perder camarada antiguo. Roté por hogares amigos y pasé por lo de mis hermanos también, para culminar hospedándome en lo de una de mis primas, recién separada y con un niño.
Resultó una buena ecuación. Los tres nos veníamos bien a los tres. "Dadme un punto de apoyo y levantaré el mundo", citó Greta a Arquímides (porque Greta seguía ahí, a pesar de mi "renuncia" a ella al quedarme sin obra social y con otras prioridades de gastos... "Ya nos vamos a ir arreglando", dijo... y así fue). Mi prima, su hijo y yo eramos una familia moderna, disfuncional o medio rara, pero familia al fin, llena de amor para dar y recibir. Tal vez el afuera no pudiera entenderlo ni verlo, pero era así, doy mi palabra.
El asunto fue el siguiente: mi prima tenía su casa, su auto y su laburo pero ya no tenía a su esposo. Necesitaba alguien que le cuidara al nene, que fuera de confianza, que pudiera estar full time y yo necesitaba dinero, algo con que entretenerme y un lugar para dormir. Bingo!
Mientras todo esto sucedía, yo percibía las miradas a mi alrededor y se me venía una frase a la cabeza: "No te pido que me entiendas, sólo que me quieras"... Repetía esas líneas internamente desde mi infancia cada vez que me sentía incomprendida... aún lo sigo haciendo.
Sé que no soy figurita fácil, no sé porque extraña razón nací compleja, pero jamás le pedí a nadie que me desenmarañe, que me resuelva como un acertijo... Siempre pretendí lo mismo: que me acepten como soy, que me amen aunque no sepan muy bien cómo o por qué... La pregunta es: yo lo aplico? Conmigo misma, digo...
En fin, más allá de los comentarios por las decisiones tomadas, fue un período de reacomodamiento de la mente, de los valores y de las emociones.
Empecé a prestarle atención a aquellas cosas que me gustaban y no solía dedicarles tiempo.
Una mañana me puse a lijar una mesa vieja, que mi prima tenía tirada por ahí. Cuando llegó la noche, había culminado mi primera obra de "amorarte": una lavada de cara increíble para la mesita, que ostentaba su bello collage!
Fue mi primer mueble reciclado. Y no pude parar.
"Muy bien, muy bien. Lavorterapia", coreaban los entendidos.
No sé si era eso. O que finalmente me había topado con algo que de verdad me gustaba hacer...
Una amiga me pidió que hiciera algo parecido con unas sillas de ella, después me encargaron algo más y otra cosa y así fui sumando "trabajitos de artesana", como me gustó bautizarlos.
Esto, junto con otros curritos que fui adquiriendo, infló algo mi economía y, si bien seguí siendo "la chica con cama adentro" en lo de mi prima, ya no recibía dinero por cuidar a la criatura y, de hecho, contratamos a alguien más para que lo hiciera.
Aún no podía levantar vuelo por cuenta propia (o sea, alquilarme algo), pero estaba siendo hora de irme de ahí. No por mi prima ni su hermoso hijo, sino por mi.
Extrañaba mi soledad, mi espacio.
Una tarde todo cambió.
Me hicieron una propuesta disparatada a la que no me pude negar...
Y no es que quiera dejarlos con la intriga, pero la idea era llegar de lo pendiente hasta poder pintar un poco el hoy en una sola posteada y creo que se cumplió el objetivo.
Tal vez estos parrafitos hubiesen sido una entrada particular cada uno, si los hubiese publicado en el momento que iban aconteciendo, pero los tiempos bloggeros son mas tiranos que los televisivos y hay que caer en el resumen de la historia, en la parte de atrás de la cajita de la película… De cualquier forma todas, y cada una, de esas situaciones ya están arraigadas en mi, forman parte de mis recuerdos y, como ellos, pueden aflorar cuando les plazca, escondidas o disfrazadas dentro de otros momentos…
Prometo no prometer que “nos vemos pronto” o “les juro que no pasa de una semana sin volver a escribir”, porque no me gusta andar quebrantando promesas por ay… y si es que no cumplo con lo prometido, los sorprendo y qué mejor regalo, no?! Estoy en todo…;)
Los echaba de menos, debo reconocer.
Las cosas ya no son lo que eran en mi vida y este blog corrió esa misma suerte...
Cuando escribí la primera entrada lo hice desde la necesidad de decir, de contar, más allá del desafío impuesto por Greta, mi psicóloga... Sentía el apremio de hacer catarsis a través de mi escritura, de mi "poder" expresarme de algún modo...
No es que hoy no lo disfrute ni me resulte terapéutico, sólo que no me hace falta, no me es elemental para seguir andando y entendiendo...
Pongamosle que en estos días me dan más ganas de vivir la vida que analizarla! De ir viendo qué me pasa y cómo lo resuelvo justo en el momento en que las cosas dan conmigo y no antes...
Me siento más liviana, más yo... aunque estoy distinta, aunque sea otra...
En las últimas publicaciones, hablé de los tres hombres que rondaban por mi existencia desde que arranqué esta vorágine de palabras online y dejaba temas al pendiente para una próxima vez... que nunca llegó!
Quisiera no extenderme, quisiera por una vez ser breve a la hora de explicar, de narrar... Concentrarme sólo en lo importante y desechar los detalles a un costado... Es difícil, sobre todo porque pasó mucho y muy desordenado y sin sentido...
Anhelaba tanto irme de ese trabajo que no me complacía en lo más mínimo, o en verdad sí, me complacía en lo elemental: un sueldo más o menos digno, en blanco, con obra social y aportes; buenos compañeros que se convirtieron en amigos y... si me tienen un poco de paciencia, quizás, que le rescato algo más! Pero, ¿podían estas razones atarme? ¿Qué perdía yendome de ahí? ¿Y lo que ganaba acaso no jugaba?
Mientras yo meditaba sobre cuál era la decisión correcta, el mejor plan a emplear o lo que fuere, la empresa decidió "dejarme ir", después de un altercado menor con el imbécil de mi jefe, quién pidió que me invitasen amablemente a retirarme de mi puesto.
No vale la pena entrar en los rincones pestilentes que cercaron toda esta situación. La gente oscura y siniestra de pensamiento, aquellos que se creen algo mejor por estar en un determinado lugar, no son destino posible para mis energías.
La cuestión es que de la noche a la mañana me convertí en "desempleada", un rubro en el que no he tenido ninguna experiencia positiva anteriormente. Nací para ser activa, la pasividad del no hacer me desquicia... God help me! (y a todos los que me rodeen)
Tuve ese primer comienzo del goce, del placer casi vacacional que se palpita al no tener que atenerse a horarios ni estructuras. Me duró una semana y media, con toda la furia.
Después entré en el trance "desperate housewife", dele que te dele limpiando y acomodando todo el día. Insoportable!
No había novedades laborales y la temporada de bajón, no me soporto, no te soporto, no soporto al mundo, me convierto ya en bicho bola, duró bastante tiempo...
Para cuando llegó la época del "agarro cualquier cosa, lo que sea", hubo un problema mayor con el que lidiar: no estaba pudiendo mantenerme... económicamente hablando. Y el destino no me tiraba un centro...
Período de decisiones varias. No time for thinking, just to act! Hubo que improvisar...
En una de las conversaciones más lindas de mi vida, mi querido amigo Puma me invitó a refugiarme entre sus cuatro paredes. Parecía una locura (mi mamá así lo creía; obvio, para ella era más sencillo entender que aceptara el dinero que con mi papá me querían prestar, o que me mudara a su casa - esa si hubiese sido una verdadera cosa de locos!), pero en ese momento no había espacio para las coherencias en mis días, en mis horas, en mis minutos... Irme a vivir con el Puma era lo más sensato!
La convivencia fue buena hasta que dejó de serlo, lógico. Los roces surgieron y me pareció mejor buscar casa nueva que perder camarada antiguo. Roté por hogares amigos y pasé por lo de mis hermanos también, para culminar hospedándome en lo de una de mis primas, recién separada y con un niño.
Resultó una buena ecuación. Los tres nos veníamos bien a los tres. "Dadme un punto de apoyo y levantaré el mundo", citó Greta a Arquímides (porque Greta seguía ahí, a pesar de mi "renuncia" a ella al quedarme sin obra social y con otras prioridades de gastos... "Ya nos vamos a ir arreglando", dijo... y así fue). Mi prima, su hijo y yo eramos una familia moderna, disfuncional o medio rara, pero familia al fin, llena de amor para dar y recibir. Tal vez el afuera no pudiera entenderlo ni verlo, pero era así, doy mi palabra.
El asunto fue el siguiente: mi prima tenía su casa, su auto y su laburo pero ya no tenía a su esposo. Necesitaba alguien que le cuidara al nene, que fuera de confianza, que pudiera estar full time y yo necesitaba dinero, algo con que entretenerme y un lugar para dormir. Bingo!
Mientras todo esto sucedía, yo percibía las miradas a mi alrededor y se me venía una frase a la cabeza: "No te pido que me entiendas, sólo que me quieras"... Repetía esas líneas internamente desde mi infancia cada vez que me sentía incomprendida... aún lo sigo haciendo.
Sé que no soy figurita fácil, no sé porque extraña razón nací compleja, pero jamás le pedí a nadie que me desenmarañe, que me resuelva como un acertijo... Siempre pretendí lo mismo: que me acepten como soy, que me amen aunque no sepan muy bien cómo o por qué... La pregunta es: yo lo aplico? Conmigo misma, digo...
En fin, más allá de los comentarios por las decisiones tomadas, fue un período de reacomodamiento de la mente, de los valores y de las emociones.
Empecé a prestarle atención a aquellas cosas que me gustaban y no solía dedicarles tiempo.
Una mañana me puse a lijar una mesa vieja, que mi prima tenía tirada por ahí. Cuando llegó la noche, había culminado mi primera obra de "amorarte": una lavada de cara increíble para la mesita, que ostentaba su bello collage!
Fue mi primer mueble reciclado. Y no pude parar.
"Muy bien, muy bien. Lavorterapia", coreaban los entendidos.
No sé si era eso. O que finalmente me había topado con algo que de verdad me gustaba hacer...
Una amiga me pidió que hiciera algo parecido con unas sillas de ella, después me encargaron algo más y otra cosa y así fui sumando "trabajitos de artesana", como me gustó bautizarlos.
Esto, junto con otros curritos que fui adquiriendo, infló algo mi economía y, si bien seguí siendo "la chica con cama adentro" en lo de mi prima, ya no recibía dinero por cuidar a la criatura y, de hecho, contratamos a alguien más para que lo hiciera.
Aún no podía levantar vuelo por cuenta propia (o sea, alquilarme algo), pero estaba siendo hora de irme de ahí. No por mi prima ni su hermoso hijo, sino por mi.
Extrañaba mi soledad, mi espacio.
Una tarde todo cambió.
Me hicieron una propuesta disparatada a la que no me pude negar...
Y no es que quiera dejarlos con la intriga, pero la idea era llegar de lo pendiente hasta poder pintar un poco el hoy en una sola posteada y creo que se cumplió el objetivo.
Tal vez estos parrafitos hubiesen sido una entrada particular cada uno, si los hubiese publicado en el momento que iban aconteciendo, pero los tiempos bloggeros son mas tiranos que los televisivos y hay que caer en el resumen de la historia, en la parte de atrás de la cajita de la película… De cualquier forma todas, y cada una, de esas situaciones ya están arraigadas en mi, forman parte de mis recuerdos y, como ellos, pueden aflorar cuando les plazca, escondidas o disfrazadas dentro de otros momentos…
Prometo no prometer que “nos vemos pronto” o “les juro que no pasa de una semana sin volver a escribir”, porque no me gusta andar quebrantando promesas por ay… y si es que no cumplo con lo prometido, los sorprendo y qué mejor regalo, no?! Estoy en todo…;)
Los echaba de menos, debo reconocer.
jueves, 19 de mayo de 2011
EL MATADOR
Finales de Octubre, 2010.
Cumpleaños de un amigo. Festejo en el bar de otro amigo. Un tercer amigo ejercía las veces de discjockey, atento a los requerimientos musicales de toda la concurrencia.
Mariano, parte de este grupo de amigos y más amigos, cantaba su “pedido” acodado a la barra: un “temazo” “del más grande, del maestro Cacho Castaña” (todo esto según sus propias palabras).
“Me conociste atorrante, travieso y aventurero / un romántico canalla con fama de mujeriego”, arranca el tango, para estallar en su estribillo: “Y ahora me quieres cambiar y ya no entiendo más nada / Dices que ya no te gusta lo que de mi te gustaba”, para terminar señalando: “Voy a cambiar y seré más atorrante que nunca”…
Si eso no es una carta de presentación de lo más digna para Mariano, no sé qué podría serlo…
La interpretó con una convicción importante, poniendo especial esfuerzo en que yo lo notara.
A pesar de haber sido obvio, al culminar su performance se acercó y me dijo muy serio: “El que avisa no traiciona”.
Todo esto tiene un por qué, claro.
Después de la proximidad de Mariano durante el festejo de mi cumpleaños, hubo un segundo acercamiento de igual o, incluso, mayor intensidad… Abruptamente interrumpido por mi persona, que entró en razón (no sé qué corno tenía que hacer la puta razón justo ahí y en ese momento, pero apareció y ya no pude sacármela de encima) y frenó la situación antes de que las cosas se enredaran más de lo que ya estaban.
Post 30 mi cabeza se había convertido en un maremoto, demasiados pensamientos, demasiadas personas, demasiada presión… Mariano evidentemente no sumaba, por el contrario… complicaba.
Juan y yo habíamos terminado, por rotularlo de alguna manera, y el episodio con Agustín y David ya había acontecido, pero de cualquier forma, Mariano no era una opción, no señor!
Así que paré las rotativas, bajé discurso sobre nuestro “circulo cercano” (ya que existe, vamos a aplicarlo a conveniencia, no?) y el hecho de que él era impresentable y yo difícil y hablé mucho y dije poco y él se ofendió o se enojó o se cansó de escucharme, no sé muy bien… La cosa es que se paró y me dijo: “¿Sabes qué? Tenes razón. Yo soy así. Que te mejores”; se dio media vuelta y se fue.
Apenas si nos cruzamos después de eso… Hasta esta noche que narraba.
Luego de su advertencia se puso a ejercer de cachivache licenciado en lo que restó de la velada.
Estoy acostumbrada a verlo avanzando a otras mujeres, pero algo me estaba molestando esta vez, algo que quise disimular, pero no pude.
Me descubrió mirándolo en más de una ocasión, por lo tanto, no me sorprendió verlo dejar en mitad de la pista a una pendeja en llamas que le fregaba todo el cuerpo al ritmo de la música, para venir a encararme con su mejor sonrisa socarrona.
“¿Qué pasa, Leis Lema? ¿Qué es lo que miras tanto?”
Mariano es un frontalizado total, no mide sus palabras, no filtra nada, jamás se va a sentir desubicado ni intimidado por decir lo primero que piensa. Es parte de su naturaleza.
Encima, había canilla libre… olvidate! Estaba perdidísima!
“¿Te gusto? Es eso, ¿no? Te gusto. Te encanto. Te vuelvo loca y no lo soportas”, seguía con su lengua filosa.
Yo me mordía los labios… un poco por no saber qué decir, otro poco para contener mis ganas de besarlo.
Odio admitirlo, pero en mi cabeza resonaba una parte de la letra de Cacho: “Y a pesar de mi pasado con historias sospechosas / Te enamoraste de mi, mira lo que son las cosas”… Noooooo!!!! No voy a darle la razón al Don Cachi, nononono…
Mariano seguía en su perfil de “soy lindo y lo sé” y yo me colgué el cartel de la “reina de la histeria” y jugamos juntos un buen rato.
Nos sacó de la penumbra de un rincón el “cumpleaños feliz” y entre saludos y abrazos nos perdimos entre los invitados.
De repente, un mensaje en el celular: “Vos hoy te venis conmigo, sabelo”.
Se me encendió el cuerpo de golpe, mi piel se erizó letra por letra.
A veces creo que soy una X-Men… sisi, una mutante al estilo Magneto, que se me pegan todos los rebuscaditos del vecindario…
Esos que mamá mira de reojo y canturrea “ya sé que no soy un buen yerno / soy un casi un beso del infierno”, y los que papá observa cruzando de vereda mientras piensa “ese extraño de pelo largo, sin preocupaciones va”… Esos, esos a mi me matan!
A modo de ejemplo uso la serie furor de mi adolescencia: “Beverly Hills 90210”… Manuelita suspiraba por el tierno y correcto Brandon Walsh?! Noooo… Volvíase loca por el conflictivo Dylan McKay!!!
Y ahí estaba yo, celular en mano, inmóvil como una cebrita antes de que se la lastre el león, pestañaba nomás.
Sentí su respiración en mi nuca y me dije: “Tas lista”.
“¿Nos podemos ir ahora?”, susurró y dejó escapar una risita pícara, casi infantil (de borracho, Manuela, decilo, no colorees más el cuadrito, que ya esta pintado).
Me di vuelta y me quedó de frente, muy (tal vez demasiado) cerca de la boca. Yo creo que empecé a temblar, como cuando te castañean los dientes del frío.
Nunca nos besamos. Estuvimos cerca, pero nunca nos besamos. Muy de telenovela lo nuestro. Pero no fue por crear clima, sino que no se dio o el momento no era el apropiado. En fin. Yo admito que estaba nerviosa. Quería mucho besarlo, pero tenía mucho miedo del después del beso y del beso en sí… de que me gustara, o de que no… Uff, así estaba!
No sé si fue mi imaginación o si algún Cupido amigo colaboró con la escena, pero yo lo escuché a Willy Rodríguez entonando: “Tener tus ojos debe ser ilegal / y más si cuando miras sólo inspiras a pecar”. Las luces se atenuaron (o al menos para mi, ya que Mariano me sacó suavemente los anteojos) y los dos cantamos cada estrofa con nuestras miradas, acariciándonos con el deseo y sin el tacto… “Mientras tu boca violenta revienta / dentro de mi boca como un rayo una tormenta”, fue casi una incitación al contacto tan esperado, tan ansiado.
Fue un beso largo y rico. Su aliento sabía a fernet bien frío y a florcitas cannabienses. Exhalamos un suspiro al unísono y nos dio gracia. Nos mordimos los labios al mismo tiempo y no pudimos más que volver a besarnos.
No sé cómo llegamos a mi casa, sólo sé que seguíamos pegados como dos perros en celo. Recuerdo que Chave nos observaba absorta desde un rincón, mientras nos revolcábamos por la alfombra (esto porque nos habíamos caído del sillón).
Reconozco que estábamos un tantito ardidos los dos (y también relajados por algunos alicientes)…
Y de pronto, Mariano me agarró la cara entre sus manos, alejándome un poco de su propio rostro, me dedicó un atisbo completo y me tiró: “Tranquila, tengo todo el tiempo del mundo para hacerte el amor”…
“Travieso y atorrante jugando al amor / ha vuelto el matador / ha vuelto el matador”… Perdón, se filtra mi tendencia a musicalizarlo todo!
A pesar de lo cursi (e íntimamente bonito) que eso me sonó, se sintió de ese modo, no curtimos… we made love :)
No hubo situación incómoda post coito, lo cual fue raro para haber sido la primera vez que estábamos sexualmente juntos.
Nos pusimos a charlar de cualquier cosa, que llevó a cualquier otra y así hasta que en un momento como que nos acordamos qué nos había llevado a estar ahí, los dos en pelotas en mi cama, y que se venga la segunda!
Nos dormimos extenuados y nos levantamos algo extraños.
A partir de ese momento, comenzaron a sucederse episodios de diversos tipos y mi relación con Mariano de a ratos se convertía en lo más clandestino que transité, en un abrir y cerrar de ojos era lo más pasional y liberador que me había pasado nunca, en un click parecía que sucedía solamente en mi mente y de pronto era lo único que existía.
Así de complejo él. Así de enmarañada yo.
Me decía a mi misma una y otra vez: “Cómo se te pudo ocurrir. Este tipo es… agggg. Cerrado, dominante, egoísta.” Blablabla… listas innumerables de defectos le encontraba… Pero aún así no podía negar que me gustara… muchito!
Por los caminos que tuve que andar un tiempo después, Mariano y yo ya no nos cruzábamos a diario.
Igual nos seguimos viendo, intermitentemente. Buscando excusas, a veces. Otras veces, de casualidad o causalidad, quién sabe.
En todas las oportunidades, yo arrancaba repitiéndome lo mismo: “Pase lo que pase, no te vas con él”.
En todas las oportunidades, dormíamos juntos.
Pero cometí un grave error: me enamoré. Y para colmo de males, se me ocurrió que era buena idea confesárselo.
Me había olvidado con quien trataba… “Soy así, un traficante de ilusiones diferentes / Sé que soy distinto a todos, pero igual a mucha gente / Soy así… si me amaron nunca quise, y si quise no lo sé”…
Cacho Castaña y el reputísimo pelotudo que te filosofeó!
Cumpleaños de un amigo. Festejo en el bar de otro amigo. Un tercer amigo ejercía las veces de discjockey, atento a los requerimientos musicales de toda la concurrencia.
Mariano, parte de este grupo de amigos y más amigos, cantaba su “pedido” acodado a la barra: un “temazo” “del más grande, del maestro Cacho Castaña” (todo esto según sus propias palabras).
“Me conociste atorrante, travieso y aventurero / un romántico canalla con fama de mujeriego”, arranca el tango, para estallar en su estribillo: “Y ahora me quieres cambiar y ya no entiendo más nada / Dices que ya no te gusta lo que de mi te gustaba”, para terminar señalando: “Voy a cambiar y seré más atorrante que nunca”…
Si eso no es una carta de presentación de lo más digna para Mariano, no sé qué podría serlo…
La interpretó con una convicción importante, poniendo especial esfuerzo en que yo lo notara.
A pesar de haber sido obvio, al culminar su performance se acercó y me dijo muy serio: “El que avisa no traiciona”.
Todo esto tiene un por qué, claro.
Después de la proximidad de Mariano durante el festejo de mi cumpleaños, hubo un segundo acercamiento de igual o, incluso, mayor intensidad… Abruptamente interrumpido por mi persona, que entró en razón (no sé qué corno tenía que hacer la puta razón justo ahí y en ese momento, pero apareció y ya no pude sacármela de encima) y frenó la situación antes de que las cosas se enredaran más de lo que ya estaban.
Post 30 mi cabeza se había convertido en un maremoto, demasiados pensamientos, demasiadas personas, demasiada presión… Mariano evidentemente no sumaba, por el contrario… complicaba.
Juan y yo habíamos terminado, por rotularlo de alguna manera, y el episodio con Agustín y David ya había acontecido, pero de cualquier forma, Mariano no era una opción, no señor!
Así que paré las rotativas, bajé discurso sobre nuestro “circulo cercano” (ya que existe, vamos a aplicarlo a conveniencia, no?) y el hecho de que él era impresentable y yo difícil y hablé mucho y dije poco y él se ofendió o se enojó o se cansó de escucharme, no sé muy bien… La cosa es que se paró y me dijo: “¿Sabes qué? Tenes razón. Yo soy así. Que te mejores”; se dio media vuelta y se fue.
Apenas si nos cruzamos después de eso… Hasta esta noche que narraba.
Luego de su advertencia se puso a ejercer de cachivache licenciado en lo que restó de la velada.
Estoy acostumbrada a verlo avanzando a otras mujeres, pero algo me estaba molestando esta vez, algo que quise disimular, pero no pude.
Me descubrió mirándolo en más de una ocasión, por lo tanto, no me sorprendió verlo dejar en mitad de la pista a una pendeja en llamas que le fregaba todo el cuerpo al ritmo de la música, para venir a encararme con su mejor sonrisa socarrona.
“¿Qué pasa, Leis Lema? ¿Qué es lo que miras tanto?”
Mariano es un frontalizado total, no mide sus palabras, no filtra nada, jamás se va a sentir desubicado ni intimidado por decir lo primero que piensa. Es parte de su naturaleza.
Encima, había canilla libre… olvidate! Estaba perdidísima!
“¿Te gusto? Es eso, ¿no? Te gusto. Te encanto. Te vuelvo loca y no lo soportas”, seguía con su lengua filosa.
Yo me mordía los labios… un poco por no saber qué decir, otro poco para contener mis ganas de besarlo.
Odio admitirlo, pero en mi cabeza resonaba una parte de la letra de Cacho: “Y a pesar de mi pasado con historias sospechosas / Te enamoraste de mi, mira lo que son las cosas”… Noooooo!!!! No voy a darle la razón al Don Cachi, nononono…
Mariano seguía en su perfil de “soy lindo y lo sé” y yo me colgué el cartel de la “reina de la histeria” y jugamos juntos un buen rato.
Nos sacó de la penumbra de un rincón el “cumpleaños feliz” y entre saludos y abrazos nos perdimos entre los invitados.
De repente, un mensaje en el celular: “Vos hoy te venis conmigo, sabelo”.
Se me encendió el cuerpo de golpe, mi piel se erizó letra por letra.
A veces creo que soy una X-Men… sisi, una mutante al estilo Magneto, que se me pegan todos los rebuscaditos del vecindario…
Esos que mamá mira de reojo y canturrea “ya sé que no soy un buen yerno / soy un casi un beso del infierno”, y los que papá observa cruzando de vereda mientras piensa “ese extraño de pelo largo, sin preocupaciones va”… Esos, esos a mi me matan!
A modo de ejemplo uso la serie furor de mi adolescencia: “Beverly Hills 90210”… Manuelita suspiraba por el tierno y correcto Brandon Walsh?! Noooo… Volvíase loca por el conflictivo Dylan McKay!!!
Y ahí estaba yo, celular en mano, inmóvil como una cebrita antes de que se la lastre el león, pestañaba nomás.
Sentí su respiración en mi nuca y me dije: “Tas lista”.
“¿Nos podemos ir ahora?”, susurró y dejó escapar una risita pícara, casi infantil (de borracho, Manuela, decilo, no colorees más el cuadrito, que ya esta pintado).
Me di vuelta y me quedó de frente, muy (tal vez demasiado) cerca de la boca. Yo creo que empecé a temblar, como cuando te castañean los dientes del frío.
Nunca nos besamos. Estuvimos cerca, pero nunca nos besamos. Muy de telenovela lo nuestro. Pero no fue por crear clima, sino que no se dio o el momento no era el apropiado. En fin. Yo admito que estaba nerviosa. Quería mucho besarlo, pero tenía mucho miedo del después del beso y del beso en sí… de que me gustara, o de que no… Uff, así estaba!
No sé si fue mi imaginación o si algún Cupido amigo colaboró con la escena, pero yo lo escuché a Willy Rodríguez entonando: “Tener tus ojos debe ser ilegal / y más si cuando miras sólo inspiras a pecar”. Las luces se atenuaron (o al menos para mi, ya que Mariano me sacó suavemente los anteojos) y los dos cantamos cada estrofa con nuestras miradas, acariciándonos con el deseo y sin el tacto… “Mientras tu boca violenta revienta / dentro de mi boca como un rayo una tormenta”, fue casi una incitación al contacto tan esperado, tan ansiado.
Fue un beso largo y rico. Su aliento sabía a fernet bien frío y a florcitas cannabienses. Exhalamos un suspiro al unísono y nos dio gracia. Nos mordimos los labios al mismo tiempo y no pudimos más que volver a besarnos.
No sé cómo llegamos a mi casa, sólo sé que seguíamos pegados como dos perros en celo. Recuerdo que Chave nos observaba absorta desde un rincón, mientras nos revolcábamos por la alfombra (esto porque nos habíamos caído del sillón).
Reconozco que estábamos un tantito ardidos los dos (y también relajados por algunos alicientes)…
Y de pronto, Mariano me agarró la cara entre sus manos, alejándome un poco de su propio rostro, me dedicó un atisbo completo y me tiró: “Tranquila, tengo todo el tiempo del mundo para hacerte el amor”…
“Travieso y atorrante jugando al amor / ha vuelto el matador / ha vuelto el matador”… Perdón, se filtra mi tendencia a musicalizarlo todo!
A pesar de lo cursi (e íntimamente bonito) que eso me sonó, se sintió de ese modo, no curtimos… we made love :)
No hubo situación incómoda post coito, lo cual fue raro para haber sido la primera vez que estábamos sexualmente juntos.
Nos pusimos a charlar de cualquier cosa, que llevó a cualquier otra y así hasta que en un momento como que nos acordamos qué nos había llevado a estar ahí, los dos en pelotas en mi cama, y que se venga la segunda!
Nos dormimos extenuados y nos levantamos algo extraños.
A partir de ese momento, comenzaron a sucederse episodios de diversos tipos y mi relación con Mariano de a ratos se convertía en lo más clandestino que transité, en un abrir y cerrar de ojos era lo más pasional y liberador que me había pasado nunca, en un click parecía que sucedía solamente en mi mente y de pronto era lo único que existía.
Así de complejo él. Así de enmarañada yo.
Me decía a mi misma una y otra vez: “Cómo se te pudo ocurrir. Este tipo es… agggg. Cerrado, dominante, egoísta.” Blablabla… listas innumerables de defectos le encontraba… Pero aún así no podía negar que me gustara… muchito!
Por los caminos que tuve que andar un tiempo después, Mariano y yo ya no nos cruzábamos a diario.
Igual nos seguimos viendo, intermitentemente. Buscando excusas, a veces. Otras veces, de casualidad o causalidad, quién sabe.
En todas las oportunidades, yo arrancaba repitiéndome lo mismo: “Pase lo que pase, no te vas con él”.
En todas las oportunidades, dormíamos juntos.
Pero cometí un grave error: me enamoré. Y para colmo de males, se me ocurrió que era buena idea confesárselo.
Me había olvidado con quien trataba… “Soy así, un traficante de ilusiones diferentes / Sé que soy distinto a todos, pero igual a mucha gente / Soy así… si me amaron nunca quise, y si quise no lo sé”…
Cacho Castaña y el reputísimo pelotudo que te filosofeó!
martes, 10 de mayo de 2011
FOREVER JUAN
Como ya se pudo vislumbrar en comentarios anteriores, Juan siguió paseando su bipolaridad por mi vida.
Y yo fui y vine por sus enrosques todo lo que los míos propios me lo permitieron.
Juan me puede. Me mira y me puede.
Sus ojos me penetran en profundidad, siento que ve mis propios pensamientos volando sobre mi cabeza… y eso me pone nerviosa, me hace sentir expuesta.
Su mirada habla, pero no dice nada concreto, sólo siembra misterio, dudas y desconcierto.
Sus palabras no colaboran a la hora de aclarar, sino más bien que son expertas en el arte del oscurecimiento.
Juan no quiere que lo quiera, es evidente… y yo no puedo dejar de quererlo, a pesar de negarme a hacerlo.
Me gusta su ser solitario, malhumorado y desconcertante. Pero, a su vez, no me gusta nada que me haga sufrir como consecuencia de todo eso mismo.
Cuando creo que estoy a punto de empezar a odiarlo, basta una fugaz sonrisa para que me gane de nuevo.
Juan quiere un poquito que yo lo quiera, pero no le sale admitirlo, reconocerlo… Yo quiero que Juan me quiera, pero no todo el tiempo…
¿Será que nos parecemos y por eso nos reconocemos en el otro y por eso morimos de miedo?
Después del showcito montado para mi cumpleaños, Juan tuvo una temporada de derroche de cariño… Tardes de mates y besos y abrazos, noches largas de música y sexo, mañanas ornamentadas de bellas palabras y risas…
En pleno idilio, mis días se tornaron caóticos, por cuestiones ajenas a él, y mi humanidad se revolucionó completamente… ¿Qué hizo Juan al respecto? Panicoseó mal...
Se generaron discusiones que no llegaban a ningún puerto, que yo no tenía ganas de estar teniendo y, práctica como soy, corté por lo sano y “chau, mi querido, si te he visto no me acuerdo”.
Quise llorar con fuerzas, pero mis energías estaban agotadas por circunstancias que el destino me arrojaba a la cara.
Cuando menos lo esperaba, Juan volvió.
Arrebatado, como de costumbre, desprolijo en sus formas… pero volvió.
Y un pedacito de mi alma se iluminó de nuevo.
Fue corto el tiempo de la distancia, pero los dos estábamos distintos, al menos respecto a nosotros y lo que fuera que fuéramos.
Mantuvimos una cierta lejanía prudencial y decidimos no rotular lo que nos estaba pasando.
Yo no andaba del todo sola por esos días y los buitres a mi alrededor no le hicieron ninguna gracia.
Se mando moco para compensar su machez cabría y dolió fuerte y fue difícil amortiguar el golpe.
Otra vez el azar me obligó a girar sobre mi eje y mis pasos caminaron sin rumbo, lejos de él, lejos de todo…
Miré las pocas fotos que tenía de él tantas veces que creí ojearlo desde mi destierro, pero no quise saber más nada de su persona.
“Mejor así”, pensaba.
Sé que intentó buscarme, pero soy demasiado buena a la hora de jugar a las escondidas y no dio conmigo de ninguna forma.
A veces aún lo sueño, pero prefiero resguardarlo en mis fantasías que sufrirlo en mis realidades.
“No encuentro ningún modo de acomodarte a mi / y no encuentro ningún modo de acomodarme a ti”, dice una canción de Calle 13 que justo suena mientras escribo estas líneas… ¿será así?
PD: El destino, el azar, la vida, aquel, aquella o quien sea que maneja los hilos en todo esto me demostró en estos días que yo no corto ni pincho… Cuando ya lo había enterrado, cuando menos me lo esperaba, y en el lugar menos pensado… Juan resurgió.
Esto fue muy reciente e inesperado, todavía lo tipeo y me río a carcajadas. Me agarró desprevenida, fue todo de sopetón y aún está en proceso dentro de mi loca capochita, así que ya me extenderé, cuando salgan las entradas actualizadas y las cosas entre nosotros dos vayan surgiendo.
Y yo fui y vine por sus enrosques todo lo que los míos propios me lo permitieron.
Juan me puede. Me mira y me puede.
Sus ojos me penetran en profundidad, siento que ve mis propios pensamientos volando sobre mi cabeza… y eso me pone nerviosa, me hace sentir expuesta.
Su mirada habla, pero no dice nada concreto, sólo siembra misterio, dudas y desconcierto.
Sus palabras no colaboran a la hora de aclarar, sino más bien que son expertas en el arte del oscurecimiento.
Juan no quiere que lo quiera, es evidente… y yo no puedo dejar de quererlo, a pesar de negarme a hacerlo.
Me gusta su ser solitario, malhumorado y desconcertante. Pero, a su vez, no me gusta nada que me haga sufrir como consecuencia de todo eso mismo.
Cuando creo que estoy a punto de empezar a odiarlo, basta una fugaz sonrisa para que me gane de nuevo.
Juan quiere un poquito que yo lo quiera, pero no le sale admitirlo, reconocerlo… Yo quiero que Juan me quiera, pero no todo el tiempo…
¿Será que nos parecemos y por eso nos reconocemos en el otro y por eso morimos de miedo?
Después del showcito montado para mi cumpleaños, Juan tuvo una temporada de derroche de cariño… Tardes de mates y besos y abrazos, noches largas de música y sexo, mañanas ornamentadas de bellas palabras y risas…
En pleno idilio, mis días se tornaron caóticos, por cuestiones ajenas a él, y mi humanidad se revolucionó completamente… ¿Qué hizo Juan al respecto? Panicoseó mal...
Se generaron discusiones que no llegaban a ningún puerto, que yo no tenía ganas de estar teniendo y, práctica como soy, corté por lo sano y “chau, mi querido, si te he visto no me acuerdo”.
Quise llorar con fuerzas, pero mis energías estaban agotadas por circunstancias que el destino me arrojaba a la cara.
Cuando menos lo esperaba, Juan volvió.
Arrebatado, como de costumbre, desprolijo en sus formas… pero volvió.
Y un pedacito de mi alma se iluminó de nuevo.
Fue corto el tiempo de la distancia, pero los dos estábamos distintos, al menos respecto a nosotros y lo que fuera que fuéramos.
Mantuvimos una cierta lejanía prudencial y decidimos no rotular lo que nos estaba pasando.
Yo no andaba del todo sola por esos días y los buitres a mi alrededor no le hicieron ninguna gracia.
Se mando moco para compensar su machez cabría y dolió fuerte y fue difícil amortiguar el golpe.
Otra vez el azar me obligó a girar sobre mi eje y mis pasos caminaron sin rumbo, lejos de él, lejos de todo…
Miré las pocas fotos que tenía de él tantas veces que creí ojearlo desde mi destierro, pero no quise saber más nada de su persona.
“Mejor así”, pensaba.
Sé que intentó buscarme, pero soy demasiado buena a la hora de jugar a las escondidas y no dio conmigo de ninguna forma.
A veces aún lo sueño, pero prefiero resguardarlo en mis fantasías que sufrirlo en mis realidades.
“No encuentro ningún modo de acomodarte a mi / y no encuentro ningún modo de acomodarme a ti”, dice una canción de Calle 13 que justo suena mientras escribo estas líneas… ¿será así?
PD: El destino, el azar, la vida, aquel, aquella o quien sea que maneja los hilos en todo esto me demostró en estos días que yo no corto ni pincho… Cuando ya lo había enterrado, cuando menos me lo esperaba, y en el lugar menos pensado… Juan resurgió.
Esto fue muy reciente e inesperado, todavía lo tipeo y me río a carcajadas. Me agarró desprevenida, fue todo de sopetón y aún está en proceso dentro de mi loca capochita, así que ya me extenderé, cuando salgan las entradas actualizadas y las cosas entre nosotros dos vayan surgiendo.
viernes, 22 de abril de 2011
AU REVOIR PRINCIPE ENCANTADOR
“Tiempo al tiempo / tengo que esperar / es la idea y suele condenar / tu mirada vuelve a penetrar / mis pupilas lejanas / a ver si todo acaba aquí”, reza una de las canciones de Los Pericos que más me gusta…
Y, además, podría ser el epitafio para mi historia con Agustín.
Una mañana decidí desecharlo, extirparlo de mi vida como a un vicio malo.
Me quise hacer la normalita del barrio y proyecté mis energías en Juan y sus ganas de estar y ser.
Taché de la lista a los dos abejorros que revoloteaban constantemente, llamándome a la tentación.
Agustín pareció darse por esquivado rápidamente y no mostró problemas de adaptación.
Volvió a sus saludos estilo institucional y a convertirse en ese chico formalito que nunca entendí por qué me gustaba.
Hasta que me acordé… qué lindo que es el hijo de puta!
Y cagué!
Eso fue la obsesión misma… no podía ser tan lindo. No podía ser tan lindo y haberme besado. Haberme besado porque estaba confundido. Confundido como que le pasaban cosas conmigo.
Cada vez que nuestras miradas se cruzaban, todo ese parrafito se repetía en mi loca cabeza.
Mariano, mientras tanto, se graduaba con honores de cachivache oficial y hacía origami con mis expectativas.
Y Juan… Juan se perdía y me perdía, y nos volvíamos a encontrar, para dejarnos ir y así hasta el cansancio.
Agustín volvía a ser lo más parecido a ese hombre ideal que yo, valga la redundancia, idealizaba.
Un tipo deportista, trabajador, sano, dulce, simple…
Que tenía una novia, pero, bueno, eso estaba siendo un detalle… Un detalle que no me estaba importando en lo más mínimo.
Si Agustín se confundía conmigo, yo iba a sacar ventaja, por primera vez, de la confusión de un hombre, y no a ser víctima de ella.
Una compañera cumplió años e hizo una mega fiesta, en un lugar topísimo, que quedaba allá lejos en Zona Norte. Cuestión que nos organizamos para ir de a grupos en los diferentes autos.
El destino me hizo un guiño y me tocó viajar en el carro del papurri. Iba sentada detrás del asiento del acompañante y clavé mis ojitos color miel en el espejo retrovisor, a la caza de una de sus miradas.
Hubo más de una y fueron sostenidas y notorias.
Me lo quería comer crudo, así, salpimentado un poquito nomás!
En la fiesta me dediqué al arte de cortejar, me mostré bailando sensual, me manejé de manera sugerente.
Cuando Mariano no irrumpía y reventaba mi burbuja de fantasía, toda la sensación de estar a momentos de chaparme a Agustín invadía mi cuerpo.
Por suerte, Mariano no puede dejar de ser él, y se emborrachó mucho antes de que yo pierda la paciencia, y se perdió entre chamuyos y polleras.
Agustín estaba solo, apoyado contra un árbol. Me acerqué a darle conversación.
Después de un rato de hablar pavadas, me tiró: “¿Nos vamos de acá?” Y nos fuimos. Sin despedirnos, sin dar excusas, sin pensarlo. Nos fuimos.
Nos subimos al auto empujados por una adrenalina especial y así manejó durante un tramo.
De repente frenó a un costado, sobre la banquina, y se me quedó mirando, agitado, nervioso, excitado.
“Uh, no me dejes morir así / uh, no me dejes caer en la trampa”, sonaba en mi mentecilla.
Nos arrebatamos los besos y las caricias, parecíamos dos adolescentes febriles y desesperados.
Y ahí, en medio de esa vorágine de pasión, el desubicado de Bahiano me coreó: “Déjame salir de este encierro / No soy tu hombre ni tu verdad”… Uh, todo mal!
Odio cuando mi conciencia se pone en concienzuda.
¿Quería estar con Agustín de verdad? ¿Así? ¿Dándole masita arriba de un coche? Todo desprolijo y apurado, llenos de pura calentura nomás?…
Y fue… cuando se me separa la cabeza del cuerpo, no puedo volver a unirlos por más esfuerzo que haga.
Se me llenó el esternón de incógnitas y no pude con más nada.
Devolví mi culo a mi asiento y acomodé mi ropa con un dejo de TOC importante. No levanté la vista ni un instante, no podía mirar a Agustín y menos pensar en qué decirle.
Una histérica, eso soy, una loca de mierda que no sabe lo que quiere, pero lo quiere ya, por las dudas que se acabe la promoción de eso que no le interesa ni le sirve. Patética.
Agustín es hermoso y reúne todas las características que cualquier mina con dos dedos de frente categorizaría a EL hombre… Pero a mi en la frente me entran tres dedos y eso debe ser lo que me genera desconcierto.
¿Ni siquiera para sacarme las ganas? ¿Estoy segura? ¿Estoy bien yo?
No, que novedad… Bien no estoy…
No puedo estarlo si no puedo dejar de pensar en Mariano y en Juan. ¿Por qué?
Si tengo al “Prince charming” enfrente cómo puedo estar pensando en ese par de “Shrek´s”.
Nací para el pantano y el lodo más que para el palacio y la corona, me parece.
Mientras yo seguía sumida en mi propio bloque de “Carburando”, Agustín se mantenía silencioso y cabizbajo.
“Perdoname, Agus”, mis labios se estaban moviendo. “De golpe no me pareció una tan buena idea”. ¿¿?? Las palabras surfeaban en mi garganta y tenían vida propia.
Agustín apoyó sus manos sobre las mías, las apretujó un poquito y me sonrío. Después dijo: “Perdoname vos a mi, Manuela. Yo no soy así. No quería… Así… Que vos…”. Se pone tartamudo cuando está nervioso. Es como un nene tímido. Me ma-ta!!
Carraspeó un poco y siguió, esta vez, con mayor seguridad: “Vos me gustas mucho. Demasiado. Eso ya lo sabías. Yo estoy de novio. Eso también lo sabías. Yo estoy bien con ella, somos parecidos, tenemos una relación normal, tranquila. Vos sos… como un remolino (un espiral, pensaba yo, una enrroscada, bah), me descontrolas del todo. Y eso me gusta mucho. Pero también me asusta. No soy de tomar riesgos; prefiero ir tranquilo por ahí, con mis cositas en su orden. Debes pensar que soy un idiota (juro que no, lo escuchaba y pensaba: es un bombón… // Meneé la cabeza para que siguiera con su relato). Yo no sirvo para estas cosas, para cagar a mi novia… No sé si es culpa, pánico… Pero no me siento bien haciéndolo. (Claro, ahora entiendo lo de idiota, de golpe se me vinieron todos mis amigos varones al lado, observándolo recelosos, como si el pobre muchacho estuviese insultando a toda su raza, escudriñándolo como a bicho raro. Otro hombre, al menos de los hombres que yo conozco, le hubiese apropiguado un: Idiota!). Pensé en esto muchas veces. En cortar con Juli (nonono, no me digas el nombre, no quería saberlo!) y arrancar algo con vos. Porque me gustas en serio, pero no me animo. No puedo. No confío…”
Me sentí flotar arriba de la escena, como dicen que sucede cuando uno se está por morir. Y algo de eso había…
Me quería morir muerta!!!! Ese speech es mío, flaco! Yo soy la que no confía. Yo soy re de fiar. ¿Esa imagen proyecto? Es oficial: soy un pibe!
Y me dí cuenta. No me estaba quedando otra, claro. Tampoco es como que vino la vida y me dijo: che, nenita, acá te dejo un par de opciones, analizalas y me avisas.
Esto no iba a ser, no iba a suceder.
Agustín es un tipo sano, dulce y simple.
Pero a mi me gustan medios enfermitos, ácidos y complejos.
Agustín es un bombón. Pero a mi el chocolate me cae un poco pesado.
Todas certezas.
Su confusión me aclaró a mi las dudas. Supe sacarle ventaja, finalmente.
Lo corté suavemente con un gesto y esto salió sin filtro: “Hagamos una cosa. Dejemos todo así. Vos también me gustas, pero no sé si tanto como para tener la responsabilidad que me estás planteando. Quedate tranquilo y estable en tu relación, me parece lo mejor. (hice una pausa) ¿Me llevarías a mi casa, por favor?”.
Respondió que sí y arrancó. No hablamos en lo que duró el viaje. Mi modo no fue irónico, ni soné enojada con la situación. Todo transcurrió con una serenidad absoluta. Estaba siendo sincera, muy sincera. Y se ve que se notaba.
Cuando llegamos a mi portal, llegó el momento de la despedida… y derrapé mal… ultra cachi: “Bueno, nos vemos… Igual sigo pensando que sos muy lindo, ¿te puedo dar un último beso?”. Lo besé y me bajé.
Nononono, me extralimité con la duda genérica.
Es más que oficial: “Hola, mucho gusto. Mi nombre es David”.
PD: Por circunstancias que mi ruta me planteo, esta fue una de las últimas veces que nos vimos con Agustín. Así que, en el fondo, no me arrepiento nada de mi cachivachez de ese momento.
Y, además, podría ser el epitafio para mi historia con Agustín.
Una mañana decidí desecharlo, extirparlo de mi vida como a un vicio malo.
Me quise hacer la normalita del barrio y proyecté mis energías en Juan y sus ganas de estar y ser.
Taché de la lista a los dos abejorros que revoloteaban constantemente, llamándome a la tentación.
Agustín pareció darse por esquivado rápidamente y no mostró problemas de adaptación.
Volvió a sus saludos estilo institucional y a convertirse en ese chico formalito que nunca entendí por qué me gustaba.
Hasta que me acordé… qué lindo que es el hijo de puta!
Y cagué!
Eso fue la obsesión misma… no podía ser tan lindo. No podía ser tan lindo y haberme besado. Haberme besado porque estaba confundido. Confundido como que le pasaban cosas conmigo.
Cada vez que nuestras miradas se cruzaban, todo ese parrafito se repetía en mi loca cabeza.
Mariano, mientras tanto, se graduaba con honores de cachivache oficial y hacía origami con mis expectativas.
Y Juan… Juan se perdía y me perdía, y nos volvíamos a encontrar, para dejarnos ir y así hasta el cansancio.
Agustín volvía a ser lo más parecido a ese hombre ideal que yo, valga la redundancia, idealizaba.
Un tipo deportista, trabajador, sano, dulce, simple…
Que tenía una novia, pero, bueno, eso estaba siendo un detalle… Un detalle que no me estaba importando en lo más mínimo.
Si Agustín se confundía conmigo, yo iba a sacar ventaja, por primera vez, de la confusión de un hombre, y no a ser víctima de ella.
Una compañera cumplió años e hizo una mega fiesta, en un lugar topísimo, que quedaba allá lejos en Zona Norte. Cuestión que nos organizamos para ir de a grupos en los diferentes autos.
El destino me hizo un guiño y me tocó viajar en el carro del papurri. Iba sentada detrás del asiento del acompañante y clavé mis ojitos color miel en el espejo retrovisor, a la caza de una de sus miradas.
Hubo más de una y fueron sostenidas y notorias.
Me lo quería comer crudo, así, salpimentado un poquito nomás!
En la fiesta me dediqué al arte de cortejar, me mostré bailando sensual, me manejé de manera sugerente.
Cuando Mariano no irrumpía y reventaba mi burbuja de fantasía, toda la sensación de estar a momentos de chaparme a Agustín invadía mi cuerpo.
Por suerte, Mariano no puede dejar de ser él, y se emborrachó mucho antes de que yo pierda la paciencia, y se perdió entre chamuyos y polleras.
Agustín estaba solo, apoyado contra un árbol. Me acerqué a darle conversación.
Después de un rato de hablar pavadas, me tiró: “¿Nos vamos de acá?” Y nos fuimos. Sin despedirnos, sin dar excusas, sin pensarlo. Nos fuimos.
Nos subimos al auto empujados por una adrenalina especial y así manejó durante un tramo.
De repente frenó a un costado, sobre la banquina, y se me quedó mirando, agitado, nervioso, excitado.
“Uh, no me dejes morir así / uh, no me dejes caer en la trampa”, sonaba en mi mentecilla.
Nos arrebatamos los besos y las caricias, parecíamos dos adolescentes febriles y desesperados.
Y ahí, en medio de esa vorágine de pasión, el desubicado de Bahiano me coreó: “Déjame salir de este encierro / No soy tu hombre ni tu verdad”… Uh, todo mal!
Odio cuando mi conciencia se pone en concienzuda.
¿Quería estar con Agustín de verdad? ¿Así? ¿Dándole masita arriba de un coche? Todo desprolijo y apurado, llenos de pura calentura nomás?…
Y fue… cuando se me separa la cabeza del cuerpo, no puedo volver a unirlos por más esfuerzo que haga.
Se me llenó el esternón de incógnitas y no pude con más nada.
Devolví mi culo a mi asiento y acomodé mi ropa con un dejo de TOC importante. No levanté la vista ni un instante, no podía mirar a Agustín y menos pensar en qué decirle.
Una histérica, eso soy, una loca de mierda que no sabe lo que quiere, pero lo quiere ya, por las dudas que se acabe la promoción de eso que no le interesa ni le sirve. Patética.
Agustín es hermoso y reúne todas las características que cualquier mina con dos dedos de frente categorizaría a EL hombre… Pero a mi en la frente me entran tres dedos y eso debe ser lo que me genera desconcierto.
¿Ni siquiera para sacarme las ganas? ¿Estoy segura? ¿Estoy bien yo?
No, que novedad… Bien no estoy…
No puedo estarlo si no puedo dejar de pensar en Mariano y en Juan. ¿Por qué?
Si tengo al “Prince charming” enfrente cómo puedo estar pensando en ese par de “Shrek´s”.
Nací para el pantano y el lodo más que para el palacio y la corona, me parece.
Mientras yo seguía sumida en mi propio bloque de “Carburando”, Agustín se mantenía silencioso y cabizbajo.
“Perdoname, Agus”, mis labios se estaban moviendo. “De golpe no me pareció una tan buena idea”. ¿¿?? Las palabras surfeaban en mi garganta y tenían vida propia.
Agustín apoyó sus manos sobre las mías, las apretujó un poquito y me sonrío. Después dijo: “Perdoname vos a mi, Manuela. Yo no soy así. No quería… Así… Que vos…”. Se pone tartamudo cuando está nervioso. Es como un nene tímido. Me ma-ta!!
Carraspeó un poco y siguió, esta vez, con mayor seguridad: “Vos me gustas mucho. Demasiado. Eso ya lo sabías. Yo estoy de novio. Eso también lo sabías. Yo estoy bien con ella, somos parecidos, tenemos una relación normal, tranquila. Vos sos… como un remolino (un espiral, pensaba yo, una enrroscada, bah), me descontrolas del todo. Y eso me gusta mucho. Pero también me asusta. No soy de tomar riesgos; prefiero ir tranquilo por ahí, con mis cositas en su orden. Debes pensar que soy un idiota (juro que no, lo escuchaba y pensaba: es un bombón… // Meneé la cabeza para que siguiera con su relato). Yo no sirvo para estas cosas, para cagar a mi novia… No sé si es culpa, pánico… Pero no me siento bien haciéndolo. (Claro, ahora entiendo lo de idiota, de golpe se me vinieron todos mis amigos varones al lado, observándolo recelosos, como si el pobre muchacho estuviese insultando a toda su raza, escudriñándolo como a bicho raro. Otro hombre, al menos de los hombres que yo conozco, le hubiese apropiguado un: Idiota!). Pensé en esto muchas veces. En cortar con Juli (nonono, no me digas el nombre, no quería saberlo!) y arrancar algo con vos. Porque me gustas en serio, pero no me animo. No puedo. No confío…”
Me sentí flotar arriba de la escena, como dicen que sucede cuando uno se está por morir. Y algo de eso había…
Me quería morir muerta!!!! Ese speech es mío, flaco! Yo soy la que no confía. Yo soy re de fiar. ¿Esa imagen proyecto? Es oficial: soy un pibe!
Y me dí cuenta. No me estaba quedando otra, claro. Tampoco es como que vino la vida y me dijo: che, nenita, acá te dejo un par de opciones, analizalas y me avisas.
Esto no iba a ser, no iba a suceder.
Agustín es un tipo sano, dulce y simple.
Pero a mi me gustan medios enfermitos, ácidos y complejos.
Agustín es un bombón. Pero a mi el chocolate me cae un poco pesado.
Todas certezas.
Su confusión me aclaró a mi las dudas. Supe sacarle ventaja, finalmente.
Lo corté suavemente con un gesto y esto salió sin filtro: “Hagamos una cosa. Dejemos todo así. Vos también me gustas, pero no sé si tanto como para tener la responsabilidad que me estás planteando. Quedate tranquilo y estable en tu relación, me parece lo mejor. (hice una pausa) ¿Me llevarías a mi casa, por favor?”.
Respondió que sí y arrancó. No hablamos en lo que duró el viaje. Mi modo no fue irónico, ni soné enojada con la situación. Todo transcurrió con una serenidad absoluta. Estaba siendo sincera, muy sincera. Y se ve que se notaba.
Cuando llegamos a mi portal, llegó el momento de la despedida… y derrapé mal… ultra cachi: “Bueno, nos vemos… Igual sigo pensando que sos muy lindo, ¿te puedo dar un último beso?”. Lo besé y me bajé.
Nononono, me extralimité con la duda genérica.
Es más que oficial: “Hola, mucho gusto. Mi nombre es David”.
PD: Por circunstancias que mi ruta me planteo, esta fue una de las últimas veces que nos vimos con Agustín. Así que, en el fondo, no me arrepiento nada de mi cachivachez de ese momento.
miércoles, 6 de abril de 2011
CASI 30
Como bien dije apenas volví, dejé de escribir en el blog cerca de mi cumpleaños. Mi cumpleaños número 30. Una cifra relevante! Cuando era chica me imaginaba que a esta edad ya tendría la vida resuelta. Cuando era chica me imaginaba muchas cosas… Cuando era chica me imaginaba bastantes boludeces… Tal vez casada y con algún hijo… (Te lo debo!) Quizás convertida en una profesional abocada de lleno a su carrera… (Mmmm, hay más opciones?) Puede que, quién sabe, fuera una gran trotamundos… (Las ganas!) Todo esto se proyectaba en mi cabecita con una voz en off relatando cual avance cinematográfico. Sólo me queda eso, la esencia de “promo”, pero con otro texto: “Manuela está a punto de cumplir 30 años. A pesar de su búsqueda exhaustiva no ha encontrado el verdadero amor (si es que este existe, claro, porque puede que sea como Papá Noel y los Reyes Magos). Su subsistencia laboral es un laberinto del que quiere huir, pero no sabe cómo. Las opciones que la vida le baraja no son muy agraciadas. La crisis del festejo de su trigésimo aniversario se avecina… Llena de preguntas desubicadas de parte de la parentela, que piensan que ella es un producto con fecha de caducidad; de amistades todas realizadas, con familias formaditas y novios que besan y abrazan en público, y hasta con trabajos que disfrutan… Manuela está a punto de cumplir 30 años… y sólo quiere gritar” Así estaba la cosa, iba yo con mi bipolaridad: que no hago nada, que vengan a saludarme los que quieran, mejor hago fiesta a todo trapo y ya! Finalmente, decidí separar las aguas y hacer doblete: como era viernes; a la tarde, familia; a la noite, amigos. Todo muy tranqui, igual. Comencé mi día naturalmente: desayuné con Chavela a mis pies, mientras leía los primeros mails cumpleañeros que iban llegando y pispeaba en el muro del Facebook algunos saluditos. Como cada año, recibí flores de parte de mi tío abuelo, que nunca entendí si es el último romántico del mundo o no tiene idea qué otra cosa se le puede regalar a una mujer (tiene el mismo gesto con cada hembra de la familia, casi autómata, por eso la incertidumbre… ah, y es un señor soltero de la existencia misma, más sospechoso todavía). Contesté los primeros llamados de la mañana: mi abuela o mi mamá, disputándose la delantera… Son tan competitivas que yo creo que se quedan esperando al lado del teléfono desde la madrugada, y alguna de las dos posiblemente termine despertándome. Me había pedido el día en el trabajo (por muchas cuestiones que ya leerán cuando hable del tema laboral), alrededor de las 16 iba a empezar a desfilar el linaje Leis-Lema (al cual tenía pensado invitar a retirarse cerca de las 20, como tope), duchita, cambio de look y tipo 22.30 caería la muchachada. Las compras pertinentes estaban hechas, la casa acomodada; por ende, mi mañana carecía de planes, estaba entregada absolutamente al fluir del ocio. De repente, suceso inesperado, un giro en la trama… Suena el portero eléctrico. Nunca atiendo cuando no espero a nadie, pero considerando lo “especial” del día, contesté (no me acuerdo qué pensé exactamente cuando caminaba hasta el tubo, supongo que podría ser que se trataba de algún tipo de entrega). El reloj marcaba las 10. VOZ DESCONOCIDA AL OTRO LADO DEL PORTERO: “¿Señorita Manuela Leis? Del correo. Me tiene que firmar.” La puta madre, pensé. Seguro es carta del banco, que me atrasé en el pago de la cuota de la tarjeta, y los muy inoportunos me la mandan justo hoy; mascullaba mientras bajaba en pijama en el ascensor. Ya me parecía, demasiado lindo venía el festejito…No, no podía parar. Mal humor en modo ON! Avanzando por el pasillo veo la puerta de calle (que es transparente, claro… cómo la puerta de mi casa me va a dar las oportunidades que no me da la vida, que en este caso era: esconderme!)… Al otro lado de la puerta estaba Juan… Juan y algunos de sus amigos… Algunos de sus amigos con sus instrumentos musicales… Con sus respectivos elementos de percusión, bajos, hasta un teclado… Y Juan, con su guitarrita y una sonrisa enorme… ¿Qué está pasando? ¿Por qué? Se me llenaron los ojos de lágrimas, de la misma manera inexplicable que lo hacen cuando hago extremas payasadas adrede con mi hermano menor… (Nunca supe cuál era la procedencia de ese líquido, imaginaba que era la vergüenza escurriéndose por mis mejillas.) Ya no podía retroceder, demasiado tarde (la puerta transparente, se acuerdan?!). No estaba sabiendo si el temblor en las piernas era porque “hola, estoy en pijama” – y no en un baby doll de Victoria Secret, o con el último modelito bonito de Caro Cuore; mi pijama es un pantalón colorado con los 101 Dálmatas corriendo entre las piernas y una remera negra y descocida con la cara del Che Guevara - (plus el rostro de recién levantada, despeinadísima y el saco más viejo del universo puesto como condecorando el atuendo)… o… porque nada me da más pudor que las escenas de este estilo… ¿Qué le pasa a este pibe? ¿Qué hace? Antes de rozar el picaporte, me declaro: “Está ebrio o drogado. Nono, ebrio y drogado. Muy drogado. Con drogas pesadas. Es más, yo también estoy drogada. Esto es un mal viaje de ácido”. Pero no… estaba pasando. Y apenas abrí, Juan cantó. “Picture yourself in a boat on a river / with tangerine trees and marmalade skies...” Juan entonaba con ternura las estrofas de “Lucy in the sky with diamonds”, una canción con historia para mi; con historia que un día le conté y él retuvo – evidentemente – y acá está… Montando este show, me decía mi yo insensible. Concentrate, Manuela, es un hermoso gesto… Bancatela. Y el encargado que asoma entre las macetas de la entrada, codo a codo con la chusma del 5to B… Ay, dios, van a tener material para rato, que insoportables, ya me los veo venir: “Quién era el muchachito ese del otro día? No le avisó que no se pueden hacer ruidos molestos? Mire como me dejaron la vereda”… Chacales! Y Juan no paraba de mirarme, nervioso y contento. Y me rendí, me dije: “¿Y qué? Sí, este chiquito que esta haciendo el ridículo me gusta. Me encanta, de hecho. Y me encanta que esté haciendo este papeloncito para mi. Y yo le voy a dedicar una mueca a la sensiblería… ¿por qué no?”. Y ahí mismito, una gotita salada rodó desde la miopía de mi ojo izquierdo hasta la comisura de mi boca. Un poco de dulzura no me puede hacer mal, no? Es mi cumpleaños. Mi cumpleaños número 30. Claro, estoy mayor, por eso lloro por cualquier cosa! La canción llegó a su fin y fue aplaudida por los transeúntes y por mi. Los músicos agradecieron y se retiraron (lo tenían todo muy sincronizado, se ve que se tomó su tiempo para idearlo… Manuela, podes dejar de pensar y focalizarte en Juan, plis!). Juan se puso colorado cuando lo abracé y le dije un suave “gracias” al oído. Es tan, tan… cuando se pone así. Lástima que le dura lo que un pedo en una mano, obvio. Yo Macho no poder querer! Y acaba de darte la serenata, pero, claro, la complicada soy yo. En fin (ese enrosque irá en su capítulo respectivo), la cosa es que Juan subió y yo seguí agradeciéndole el obsequio y su incomodidad crecía y ponía distancia y yo me preguntaba “¿qué pretende usted de mi?”… Me hace la trilladita de la comedia romántica y me remata con el reo incomprendido. Ufff… me cansoooo… No sabes como me aburroooooooo… Perdón, se me zafó el enrosque de su cadena. Vuelvo: la situación no desbarrancó porque sonaba el teléfono a cada rato, Chave dispersaba la niebla con sus morisquetas, y porque el desayuno que me regalaron mis sobrinos (léase, mi hermano y mi cuñada, seguro mi cuñada) estaba espectacular y saborearlo juntos nos alejaba de las ofuscaciones. Cuando le volvieron las ganas de hablar del tema, me interrogó sobre si me había gustado, cuánto, si me había sorprendido, si sorprendido bien o mal, que si había sonado bien, que habrán pensado el encargado y la chusma del 5to B… Un charleta el loco! Yo sólo mencioné: “¿Cómo se te ocurrió? ¿Por qué?” (juro que mi tono era divino, no violento) El señor lengua se fue a dormir, dejó al mudito a cargo, que se encogió de hombros y me tiró un hueco: “No sé, qué se yo”. Digan que me hizo acordar a un sketch de los Les Luthiers y me hizo reír, porque sino… era para matarlo! Le di un beso y me metí a bañar. Se ve que se le despertó el amor de nuevo (o el indio, me parece) y se autoinvitó a ducharse conmigo. Dijo que quiso venir a esta hora porque sabía que no tenía nada programado, y así me tenía toda para él (por qué me miente, qué necesidad, si ya está cantadísimo que vamos a tener sexo igual, no hace falta que me dore la píldora)… Además, por supuesto, ya habiendo cumplido con la visita del birthday, no pasa a la noche ni a la tarde y no se cruza con ningún otro ser, qué oportuno… así yo podré decir: “sisi, estoy con alguien”, pero nadie podrá comprobarlo y, por ende, mi abuela y mi madre siquiera me creerán. (Seguro que si les muestro la foto que tenemos juntos me dicen que está trucada) Después de la dosis de cariño, Juan se despidió adelantándose a cualquier propuesta con un: “Nos vemos mañana, dale? Que disfrutes de tu día.” Qué queres que te diga?! Y dale… Vos decime como te gusta que baile, que yo hago la coreo… Ayyy… Fucking men! Mi almuerzo se iluminó con la presencia de mi amiga Loli y mi hermano menor, que son una especie de dúo dinámico a lo Abott y Costello… me arrancan carcajadas de un sopetón, cosa que adoro. Se burlaron del evento matutino con todas sus fuerzas, intentando visualizarme a mi, a mi… en esa situación… Y sí, fue difícil… También me cuesta verlo… La merienda familiar estuvo serena. Me hicieron bellos regalos y recibí muchos halagos. Aparentemente, la gente que me quiere mucho me ve mejor (¿eso significa que existió un peor, o un mal, o un terrible?), más contenta (mierda, tan triste andaba que se me notaba?) y más flaca (ok, ok… ya entendí… estaba para atrás y todos se lo callaban, buenísimo!). “Debe ser el amor”, deslizó mi hermano mayor, siempre dispuesto a agitar el avispero, y mi abuela abanderó un himno de risotadas. Esto en serio, si ellos, mis más cercanos, no me tienen fe… Digo… Menos mal que sigo yendo a terapia! De nada serviría contar mi rutina telenovelesca de esa mañana. Es demasiado inverosímil, da muy ficción para mi perfil. De cualquier forma, pensaba, no?... Qué raro yo pensando… ¿Yo quiero que Juan conozca a esta gente? Me bastó un veloz paneo con rayos x incluido. Naaaaaaaa, mejor no. Llegó la rica torta de mamá, el feliz feliz distorsionado de mis primos y hermanos, y el grito, perforándome el tímpano, de mi abuela: “Los 3 deseos, no te olvides de pedir los 3 deseos, pensalos bien”. Cuando era una nena, me acuerdo que pedía cosas concretas y, tal vez, superficiales, como recibir tal juguete, o que me lleven de paseo a algún lado… Tuve una época de mi adolescencia donde cambié por cosas más abstractas y profundas, como enamorarme, ser feliz… También tuve una temporada de no desear nada… Hasta que descubrí que sin importar lo que pidiera, todos los deseos tenían algo en común: jamás se cumplían. Ahí fue cuando empecé a pedir tonterías y ridiculeces, sólo por el hecho de divertirme, o exageraciones al estilo Miss Universo y su “paz mundial”. 1… No se me ocurre qué pedir… Qué anhelo de verdad? Con tantas personas alrededor, presionándome para que sople la bendita vela, no puedo… Lo dejo en blanco… 2… Mmmm, ay, pará abuela, ya te escuché, en eso estoy, pensando… Algo sobre Juan? Nono, no voy a desperdiciar mis deseos de cumpleaños en otro… Ya pasó mucho tiempo? O me parece a mi? 3… Ufa, ufa… No quiero caer en encontrar el camino o encontrarme a mi misma… Uyuyuy… Bue, ma´si… deseo la paz mundial! Y a tomar por culo! Resoplido intenso, apagón completo… y otro año de esperanzas desperdiciadas. Retirada masiva, a dios gracias. Descontracturé un poco. Acicaladita rápida para mi y el depto, con ayuda de Lolita, que hizo jornada completa en casa. La gente va llegando al baile… Como los primeros son mis amigos más íntimos, renace la anécdota de Juan y los musiqueiros. Más allá del gaste generalizado, me “sesionaron” bastante y el análisis dio positivo. (Porsupu, no indagué en la parte fóbica subsiguiente para que no me “sermonearan”). Vinieron amigos del trabajo, de la vida y… Mariano. Mariano (que también tendrá su post particular) que vino en “amigo”, pero a medida que avanza la noche va teniendo inconvenientes con los límites y el sentido de esa palabra. Se mantuvo dentro de su territorio, de su grupo, lo que hizo que sólo interactuáramos cuando yo me dirigía hacia donde estaban ellos. Cada oportunidad de cercanía le bastaba para ir moviendo sus fichitas… Un mimito por acá, con disimulo; una miradita sostenida más de la cuenta; una sonrisita buscona… Los hombres tendrían que venir con prospecto como los remedios, con la parte de contraindicaciones bien remarcada. A medida que el ambiente iba quedando más desprovisto de ánimas, Mariano se iba acercando más. Una palabrita respirada en la nuca; un besito a segundos de ser beso… Danger, danger! Finalmente, la fiesta terminó. Todos se van. Mariano se va… no si antes darme un abrazo muy largo, después mirarme fijo unos instantes, morderse el labio, menear la cabeza y decirme: “Espero que hayas pasado un feliz cumpleaños”… Me dejó meditando sobre eso… ¿lo fue? ¿Fue un feliz cumpleaños? ¿Que festejé realmente con este año más? Uh, se viene insomnio de preguntas existencialistas… quisiera alguna vez dar con alguna respuesta! Y ahí se va mi verdadero deseo de cumpleaños… Fffff (eso se supone que es un soplido desinflado).
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