jueves, 22 de diciembre de 2011

PIENSO, LUEGO EXISTO... Y LUEGO, QUE?

Mi mente necesita crear constantemente. Se duerme, sino. No se halla haciendo otras cosas.
Pensar, piensa. Incansablemente. Pero, no encuentra en eso satisfacción, por el contrario, la invade un halo de nostalgia crónica, una especie de laberinto interminable que la conduce al borde de la ansiedad, esa perra maldita. Se enreda en detalles y en un sinfin de preguntas sin respuestas, haciéndome caer en un abismo del que me cuesta salir.
La pobrecita, claro, después no tiene ansias ni fuerza de voluntad para ponerse ya en plan analítico de las cosas prácticas para las que se la suele utilizar. Con esfuerzo, cubre al menos las básicas, esas que casi funcionan por inercia, como acordarse de respirar y tomar los recaudos mínimos para sobrevivir al día.
Ya no le pidan que comprenda lo relacionado a la economía o al funcionamiento de lo tecnológico, y jamás de los jamases intenten que entienda todo ese asuntito de las injusticias o las vanalidades.
En cambio, cuando mi mente crea... se siente libre como nunca... capaz de volar!
Ríe, llora, odia, ama. Se pinta de colores y se perfuma completa. Canta y baila sin parar. Se pone alegre y gira como un trompo.
No importa el tamaño o el estilo de la creación.
Ella fluye como un niño corriendo. Aprendiendo en cada paso. Investigando los nuevos misterios. Sorprendiéndose con la magia maravillosa del hacer lo que para uno verdaderamente vale la pena!

martes, 13 de diciembre de 2011

JOSE, EL CARPINTERO

No es porque se acerca la navidad y me puse religiosa y se me da por contar la historia del padre adoptivo de Jesucristo...
Este carpintero llamado José no creo que acepte tan fácilmente el hecho de que un día venga su novia de turno y le diga: "hola, estoy embarazada... es del espíritu santo".
No, un tipo que su frase de cabecera cuando se habla de fe es: "yo creo en mi"... Como mínimo se le caga de risa y le contesta: "me viste la cara?! anda, que te ayude a mantenerlo la paloma blanca".
Antipático, huraño, desaliñado... así lo percibí la segunda primera vez que lo vi.
Poco tenía de la sonrisa amable y el gesto bueno de su tocayo de la biblia... pero, como yo no soy fana de ese libro, me cayó más en gracia este carpintero de carne y hueso y malhumor casi constante.
Jose (sin acento en la e, así lo llaman, así se presenta) es un vecino isleño. Su casa está bastante alejada de la mía y la descubrí una mañana, muy temprano, que me había desvelado y salí a remar para pasar el rato.
Perdida entre árboles, su cabaña es preciosa... y ahí estaba yo asomando el hocico, chusméandola cuando mi miopía hizo foco y vio una figura sentada en el umbral, que se incorporaba en actitud de pocos amigos. En un movimiento brusco, que casi me lleva al agua, me senté en mi botecito, me acomodé toda nerviosa y remé lejos de ahí.
Ese fue el primer avistaje.
La segunda vez, yo venía río abajo con Chave. La figura desfocalizada tomó forma de hombre y estaba sentado en su muelle, tallando una pieza pequeña. Intercambiamos miradas, le sonreí a modo de saludo cordial y él bajó la vista. Ah, bue... quedamo así, macanudo!
Averiguando un poco supe su nombre, profesión y que no estaba muy desacertada con los tres adjetivos que usé en un comienzo para describirlo.
Una tarde me lo crucé en la biblioteca. Yo había ido a llevar unos libros que había conseguido para donar y José colocaba unos estantes. Apenas me divisó me regaló una mirada gélida y giró dándome la espalda por completo. Esta vez, yo le devolví el gesto con mi mejor cara de culo y pasándole por al lado como si fuese un mueble.
Así tuvimos unos cuantos encuentros. Nos faltaba mostrarnos los dientes y gruñir.
Pero... así y todo, a mi me parece que me gustaba un poquito. O tal vez, precisamente era por eso... No, si yo no aprendo más! Cuánto más difícil y complicado, mejor! Quién me manda, eh?! Quién?!
Esto se sucedió una y otra vez, y cada vez me atraía más. Me encontraba pasando frente a su casa, aunque me quedara trasmano del mundo, practicamente a diario. Si pasaba y no estaba, me ponía como un nene caprichoso: refunfuñando y pataleando, inclusive. Era una adicción. Necesitaba su mirada agria por alguna razón.
Todo esto hasta aquella noche de canciones en la que se apareció Juan y ocupó mi atención casi por completo... Digo casi porque, incluso durante esa velada, estuve atenta al semblante adusto de José, que acodado en el rincón más recóndito de la barra contemplaba las distintas situaciones.
Cuando me encontraba sentada en el muellecito del chiringuito con Juan, charla que te charla, José salió en retirada. Yo levanté la vista y él la mano, a modo de saludo, y esbozó: "chau"... Me caigo y me levanto: es como yo digo, son de manual... todos, isleños, venidos, de tierra firme... de ma-nual!
A pesar de que Juan ocupó mis días y mi cabeza a partir de ahí, yo no dejé de pasar, cada vez que tenía ocasión, por la morada escondida de José.
A veces me sentía culpable, como si le estuviese siendo infiel a Juan, por ir a recoger un "hola" o una sonrisa de costado o un cabeceo o un movimiento de mano de José (a eso se reducía toda nuestra comunicación). Pero, a veces, a veces me sentía plena con tan sólo un ademán agradable del carpintero... A veces me sentía patética, claro está!
Una vez que invité a Juan a irse de mi casa, y en la medida de lo posible de mi vida, José no rondaba en mis pensamientos. Estaba demasiado ofuscada con uno como para ya arrancar a hacerme lío con el otro...
Pero... siempre hay un pero en mi... hace un par de atardeceres, "pasó lo peor" (como diría un amigo mío, buscador de giros en las tramas)... venía remando, cerca de lo del carpinterito, y zacate: se largo un chubasco terrible; el río se puso como loco y mi bote parecía un cascarón de nuez meciéndose dentro de un inodoro en descarga. Para colmo, el cielo se puso negro y mis ojos con muletas no estaban pudiendo ver absolutamente nada. Perdí noción de dónde estaba... y como que un poquito me empecé a desesperar... cuando de repente escucho un chiflido fuerte y vislumbro una lucecita que se movía de un lado a otro... Una voz gruesa y potente gritó: "trata de acercarte hacia acá, gira el bote y rema de espaldas, que yo te amarro". No sé cómo hice, pero lo hice. De un momento a otro, el barquito dejó de estar a la deriva y se sintió más firme.
La luz de la linterna no me dejaba descubrir a mi salvador. Sentí su mano mojada sostener la mía para ayudarme a bajar y recién cuando lo tuve frente a mi nariz me di cuenta que era Jose. Mi cuerpo empezó a temblar y se me agitó la respiración. "Estás bien?", preguntó. Yo sacudí la cabeza como respuesta. Sin soltarme, me condujo en la oscuridad.
Entramos a su casa, que estaba en penumbras. "Se cortó la luz", dijo y prendió unas velas. Yo permanecía en un silencio autista. Me trajo un toallón y me empezó a secar el pelo bruscamente. "Segura que estás bien?!", insistió. A mi no me salían las palabras y asentí pestañando. "Secate, que te voy a traer algo para que te cambies". Mis movimientos estaban realentados y el corazón estaba a punto de salirse de su lugar. Jose volvió en cuero y yo me lo quedé mirando fijo, como una marmota. Se me entrecortaba el aire. Él decía algo sobre la ropa que me estaba dando e iba y venía como un trompo. Yo tenía los pies pegados al suelo. "Estás helada", mencionó mientras refregaba sus manos sobre mis brazos húmedos. "Por qué no te das un baño para sacarte el frío?". "Bueno", al fin habló la mudita...
Mientras me duchaba, imaginé mil cosas que decir al salir. Sólo me salió un "gracias" escueto y escuálido. Jose me retrucó con una sonrisa cálida y una taza caliente de té con miel.
Permanecimos en silencio un largo rato, escuchando la tormenta caer sobre la isla. Hubo miraditas reciprocas, que luchaban por no quedarse petrificadas. Risitas inquietas y sonrisas varias.
Finalmente, surgió la conversación. Básica, muy del estilo "nombre y colegio" de Feliz Domingo, pero agradable.
José es hosco, definitivamente, pero intenta ser afable, aunque no le salga naturalmente.
La lluvia se fue como vino y yo me escapé junto con ella. Volví a agradecerle por los servicios prestados, prometí devolver el pantalón de jogging y la remera que me vestían ridiculamente, y me fui rema que te rema silbando bajito.
Esta mañana pasé a dejarle la ropa y compartimos unos mates. La charla fue un poco más profunda y los nervios menguaron bastante. Me devolví a casa cuando el salió a realizar un trabajo...
Y acá estoy, escribiéndolo también a él... Uno más que se suma... o resta?!
Ay, Manuelita, Manuelita... este chico tiene todos los ingredientes para darte una pataleta al hígado!
Y si, es oficial: Jose me gusta... mucho!

viernes, 25 de noviembre de 2011

UNA COSA ES UNA COSA Y OTRA COSA ES OTRA COSA

Según Meme: frase de Panigasi. Según Juan: de Zitarrosa.
Por esa pequeñez saltaron varias cosas… tantas cosas!
Qué difícil “ser” con alguien más, qué complejo es el arte de compartir la cotidianeidad.
De niñas nos enseñan todo ese circo del príncipe azul y los cuentos de hadas.
De grandecita una tiene que aprender, de golpe y porrazo, la verdad oculta de por qué esas historias terminan con frases hechas…
“Y vivieron felices por siempre”… claro, nadie se queda a ver si eso es cierto…
Nadie revela que el adorado amor de la Cenicienta después la hacía fregar mientras él miraba el partido, o que el amado de Blancanieves, tan agradecido con los amigos enanos, después tenía ataques de celos cada vez que su chica tomaba algo con ellos… eso no lo ponen en ningún libro.
Es obvio que las crudas verdades no venden tanto como las falsas ilusiones.
Y una va por el mundo pensando que cuando llegó a “y comieron perdices”, la vida está resuelta, ya está todo listo, se acabaron los problemas.
Noooooooooo!!! Wake up, despertate queridita!!!
Ahí todo recién comienza.
Porque hoy comes perdiz y mañana quiere que le cocines otra cosa y si de repente le avisas: a mi no me gusta cocinar!, te mira como bicho raro. Y si atinas a esbozar: cocina vos… Preparate!
¿Se entiende la metáfora culinaria?
Juan comenzó siendo una piedra preciosa en mis días frente al río y, de a poco, se fue convirtiendo en una piedra en el zapato.
Los enrosques del día a día se fueron agravando…
La sensación de percibir que Juan no estaba sabiendo muy bien lo que quería, mi poca paciencia para la comprensión de este hecho y mi particular forma de decir las cosas no fueron una buena combinación.
La tarde de Panigasi versus Zitarrosa empezó como una pavada y terminó como una batalla.
Yo sé que se dice siempre que las minas somos complicadas… pero, quién hizo ese análisis?! Supongo que alguien que no conoció, por lo menos, a este hombre!
Por favor, que manera de dar vueltas…
Yo llegué a una conclusión en medio de la discusión y no tuve mejor idea que expresarla en voz alta: “Uh, nenito, vos sos el típico pibe playstation… el clásico pendejito que le decis: vamos a jugar a la pelota al parque? Y te dice que no, pero después se queda jugando tres horas a la pelotita virtual… sabés qué? Yo no funciono con joystick”.
Agarré los dos petates que Juan tenía en mi humilde morada, se los arrojé y con mi mejor miradita de odio lo invité a retirarse.
Así no, así no…

martes, 20 de septiembre de 2011

COSA ´E MANDINGA (O CUANDO LA REALIDAD SUPERA LA FICCION)

En toda telenovela los protagonistas tienen una balada característica… esa que entrelaza sus escenas, que suena según la intensidad de la situación y funciona como lei motiv a la hora de la secuencia de recuerdos…
Y si bien lo mío es más una comedia de situaciones que un culebrón, y ya con Juan tenemos un abultado prontuario melódico, creo que la noche de nuestro reencuentro podría haber arrancado siendo musicalizada con Paulinho Moska entonando:
“Yo estoy pensando en ti / Pensando en nunca más / pensar que te perdí…”
De hecho, yo estaba cantando esa mismísima estrofa y levemente pensando en él, y cuando lo vi, pensé: “Uh, el aislamiento ya me está afectando el cerebro. Veo gente muerta”.
Dejé pasar dos segundos, pero lo seguía viendo y me empecé a asustar un poco. ¿Estaré esquizofreinando?
Cuando mi voz tintineó: “… pensando en ti me siento bien…”, y él se mordió el labio inferior, me agarró el Panigazzi en el medio del pecho.
Me costó seguir con la canción, sobre todo cuando vi que interactuaba con otras personas.
Mierda! Estaba ahí, era real.
Sentí que se me aflojaban las extremidades y los ojos se me llenaron de lágrimas… (“y el culo de preguntas”, como bien acotaría una amiga mía).
Qué hace este pibe acá?!
Qué hago yo acá?!
Les cuento, la cosa es así: mi nuevo estilo de vida me permite tener mucho tiempo libre, de ocio si les gusta más… a mi me gusta decirle “libertad”… y esos espacios se van llenando de diferentes sensaciones que yo había ido dejando al pendiente para vaya uno a saber cuándo… Y entre esas cosas, estaba el canto.
Siempre quise tener una gran voz, pero no siempre se tiene lo que se quiere (no, en serio?! me jodes! ejue!)… pero, lejos de cercarme en ningún parámetro de perfección, con el tiempo descubrí que mi voz no estaba tan mal y que podía permitirme jugar a ser “cantora” algunas veces.
Acá en la isla son muy melodiosos y nos fuimos contagiando los ritmos, compartiendo las letras… Y me fui animando, despacio… Y me puse a practicar un poco, con algunas personas que se juntaban a tocar, para poner en forma a mis cuerdas vocales.
Los fines de semana hay un chiringuito (lugar en donde sucedió el “encuentro”) que le pone toda la onda, al que suelen ir, primordialmente, los isleños.
Es habitual que se den episodios artísticos improvisados sobre uno de los rincones del lugar… Alguien que se anima con la guitarra, algunos con instrumentos de percusión…
Muchos de esos alguienes y algunos son mis nuevos amigos, quienes me vienen intentando persuadir para que cante algo alguna noche.
Finalmente, se había organizado una suerte de fiesta-peña para juntar dinero para la biblioteca de la zona, y se armaron grupos para realizar diversas representaciones.
Mis adorados camaradas ejercieron presión y, además, me impulsaron anotándose todos a interpretar algo. Con uno de ellos, me decidí a hacer un dueto.
Elegimos “Pensando Em Voce”, un tema de Moska, cantor brasilero que encántame! La realizamos en su versión en castellano, of course… Ya suficiente papelón es cantar con público, encima en otro idioma… olvídalo!
Dimos vueltas hasta dar con el tema indicado, pero insistí con este; primero, porque me siento cómoda con el tono (grave, de hombre, claro, porque mi voz lejos está de parecerse a los aguditos de Valeria Lynch) y, segundo, porque decía mucho de lo que estaba queriendo exorcizar!
Beto, mi partenaire, me dio la derecha y ahí estábamos los dos, arriba de una tarima… Él, guitarra en mano; yo, corazón en boca…
“Ahora estoy pensando en ti / pensando en nunca más / dejarte ir…”, coreaban mis labios… y mis piernas temblaban y mis ojos se clavaban al suelo…
Por fin terminamos y, después de un cálido aplauso y el saludo de rigor, hice lo posible por escabullirme del cuadro…
No me resultó!
Juan me salió al cruce de la nada… de la nada, como había aparecido ahí… como un espectro!
No pude modular palabra cuando se me paró enfrente, se sonrío y me tiró uno de sus “hola” que me dan cosquillas en la panza… Me agarró la cara y yo me visualicé derritiéndome, cual Amelie, mientras sus deditos cannabicos acariciaban mi mejilla…
Por favor, cómo me gusta este pibe… No puede serrrrr!!!!
El tema con él es que siempre me genera las mismas ganas de querer abrazarlo fuerte contra mi como de querer salir corriendo… Qué difícil, qué difícil!
Yo podía ver que Juan movía su boca. Hasta podía llegar a percibir las palabras volando en su aliento, chocándose con el aire frío del afuera. Podía, incluso, escuchar los sonidos que emitían las letras al enroscarse unas con otras. Pero, por más esmero que pusiera, no estaba pudiendo entender lo que me decía.
Tenía la Super Final de Torneos de Karate en mi cabeza!
Sentí que estaba en uno de los trucos fallidos de Tu Sam y que por más que chasquearan los dedos no me iba a poder despertar.
“Ey, ni siquiera me vas a decir hola?!”… mi tímpano se destapó dejando llegar hasta mi cerebrito la encantadora voz de Juan!
Reaccioné y atiné a sonreír, abrazarlo y musitarle un tanto entre dientes: “Qué haces acá?!”.
Él me estrujó un poco más, dejó escapar algo parecido a un suspiro y contestó: “Vine a tocar con unos amigos”, como si fuese la respuesta más obvia del universo!
Acá?! Justo acá?!
Aparentemente.
Conseguí tomar distancia un momento del susodicho, que se preparaba con su gente para su cantata.
Me acerqué al tumultito que conformaban esa noche mis amigas insulares y solamente dije: “Ese, es Juan. Mi Juan”.
Lógicamente, este muchachito ha sido motivo de charlas tantas en nuestras reuniones de nenas y todas están al tanto de los vericuetos que pasé para intentar olvidarme de él… Así que la sola mención de su nombre revolucionó el gallinero, con el mayor disimulo que sus emociones les permitían.
“Cosa ´e Mandinga”, sentenció Mili, una de las artesanas del grupo y nuestra gurú espiritual… y todas asintieron.
Y creer o reventar… y yo casi exploto cuando reconocí los primeros acordes de “Fusión”, de Jorge Drexler…
Qué se hace en estos casos?! Por el poder de los Gemelos Fantásticos actívense… en forma de qué?!
Juan estaba “más lindo que nunca” (como diría Jorge Hané)… Y yo no podía sacarle la mirada afiebrada de encima… Repito: Qué difícil, qué difícil!
La velada seguía con su musicalización (ni si nos hubieran editado habría quedado tan exacto!): “¿Cuánto de esto es amor? ¿Cuánto es deseo? / ¿Se pueden o no separar? / Si desde el corazón a los dedos / no hay nada en mi cuerpo que no hagas vibrar…”, entonaba Juan sonriéndole con sus ojos a los míos, una vez que los encontró entre los presentes… y así se quedó a lo largo de toda la canción.
Yo tenía taquicardia, por supuesto. Sudaba estilo Niágara. No estaba pudiendo sentir mis dedos, ninguno de los veinte. Cada tanto lograba pestañar, como para ver si eso cambiaba algo. Y me parecía que estaba a cada momento a segundos de vomitar… pero era sólo por la sensación de vértigo que me ocasionaban mis pensamientos corriendo en círculos dentro de mi cabeza.
“Yo sólo quiero que sepas / no estoy aquí de visita / Y es para ti que está escrita esta canción”, culminó Juan su bella interpretación… y sonrío, se mordió el labio (es su marca registrada) y me guiñó el ojo.
¿Alguna vez se subieron a una montaña rusa? ¿Vieron ese efecto que provoca en el cuerpo? Lo mismo. Todos los pelitos del cuerpo… erizados!
Bajó del escenario, saludó y vino derechito hacia mi… eso sí, mirando hacia abajo. Cómo son!!! Gallito de lejos, de cerca…
Dijo un “hola” tímido a mis acompañantes y uno casi susurrado a mi. Se mordió el labio otra vez y se tomó su tiempo para mirarme a los ojos.
Yo esperé. Su cambio de actitud nos había balanceado. De repente, sentí que podía, quizás, controlarme.
Él sabe perfectamente que a mi no me gana el canchero. Está bajando las revoluciones del latin lover que se le escapó haciéndose el cantorcito ahí arriba. Me doy cuenta. Lo conozco. Y él a mi, por eso está “recalculando, recalculando”.
Finalmente, hizo una morisqueta que terminó con sus ojos posados en los míos y habló: “Todavía no lo puedo creer. Es… ¿Qué haces acá me queres decir?”… se reía algo nervioso, algo contento.
“Yo estoy viviendo acá hace un tiempo ya. ¿No lo sabías?”, doy fe que me parecía extraño que no lo supiera, ya que varios de nuestros amigos en común lo sabían y lo había puesto en mi Facebook, al cual él tiene acceso.
“Me enteré de casualidad hace muy poquito. Qué loco! La isleñita ella” / “La venida”, lo corregí.
Se reía, no podía parar de reírse. Asumo que habría fumado, pero quise pensar que era su emoción saliendo en forma de carcajada. La misma alusión hice por el brillo de su mirada.
Charlamos un largo rato, le conté estilo crónica mis días después de la última vez que nos habíamos visto, él me contó de él. Dijo sentirse orgulloso de ver que yo estaba haciendo con mi vida lo que verdaderamente quería (intentándolo, intentándolo… que no es lo mismo, estoy en proceso de aprendizaje!). Me gustó que lo notara y que lo mencionara.
Ahí me puse nerviosa de vuelta.
El festival estaba llegando a su desenlace y mis amiguetes y yo estábamos a cargo del show concluyente, así que dejé la cháchara con Juan y volví a estremecerme arriba del escenario. Me atrapa el pánico escénico, horrible!! En multitud se reduce un poco igual.
En fin, representamos “Fin de Fiesta”, la canción que Kevin Johansen interpreta con su banda The Nada, cantando una partecita cada uno. Adorable!
“Ya se acabó / Ya es el fin de fiesta / y nace el tan temido qué dirán / Si se fue con él / Si ella se fue con ella / Los que no entregaron ya lo harán / Si la vida es una orgía lenta / lo mejor debe estar por llegar…”, fue mi línea como segunda voz… y, más adelante, me tocó: “… que son cosas que pasan…”!
No, si es lo que yo digo… ni guionado ni editado quedaba así!
Compartimos un porro y una cerveza sentados en el muellecito del bar.
“Hace cosa de dos meses, Pato (amigo de Juan) viene con una onda que le habían tirado en uno de los lugares que solemos tocar, para dar una mano para recolectar plata para una escuela del Delta, supuestamente. Nos contó cómo venía el asunto y nos copamos. Cerramos todo hace dos semanas. Yo venía medio enroscado y no me estaba viendo con los pibes. La semana pasada me rompieron tanto las bolas que nos juntamos. Los chicos hablaban de vos en un momento y sacaron a colación lo de tu “vida en Tigre”. No estaba enterado. Pregunté un poco, debo confesar. Indagué bastante, en verdad. Después, me metí en tu página del Facebook, yo no entro nunca… Ahí pude recaudar más información. Y de repente, me di cuenta que el mismo lugar a donde veníamos nosotros, era exactamente donde vos estabas viviendo… Sobre todo, me lo confirmaste cuando publicaste: “Pánico por el debut del sábado en la feria para ayudar a la biblioteca”. No lo podía creer. Me agarró un ataque de risa nerviosa. ¿Es el destino, una casualidad? Estaba perturbado, por lo menos. Y ansioso. Ansioso de verte… ¿sabes?”, lo expuso todo de un tirón, haciendo pausas para iluminar su sonrisa, darle una pitada al cigarro y volver la mirada hacia mi.
No supe qué decir.
“¿Qué estás pensando?”, preguntó.
Uhhhh… en tantas cosas… en miles, en todas, en ninguna, en nada…
Lo besé. Sí, me frontalicé y lo besé.
Sinceramente, ¿qué probabilidades hay de que esto esté sucediendo? Tantas como de que no estuviese siendo. Las cosas pasan y ya… y pasan por algo. Y nosotros hacemos que pasen, también, de algún modo.
Por eso lo besé. Lo besé a conciencia de saber que eso era exactamente lo que yo estaba queriendo hacer en ese mismísimo instante, sin importar las consecuencias.
Juan me devolvió el beso y no pudimos parar.
Se mato de risa todo el camino en mi bote, repitiendo: “Esto hay que escribirlo” (ah, bueno, ponele… ay, Juancito, si supieras!) y, cuando llegó a mi casa, fue recibido por todo el amor de Chave, que chillaba como una loba… en celo! (ah, no, esa era yo!, por dentro, no me daban las manos para agitar iupis de alegría por este giro en la trama!).
Hice como que le mostraba donde vivía y él como que un poco puede que le interesara, y no pudimos seguir con la farsa…
Revolcón marca Acme. In-cre-í-ble!
La piel, la química… y yo que estaba más caliente que horno de barro, como dicen por estos pagos.
Quedamos tan exhaustos que no hubo espacio para conversaciones ni movimientos mentales. Mejor, imposible!Al día siguiente seguíamos asombrados y buscábamos vocablos para enmarcar este episodio… Ese fue el primer domingo de muchos domingos que amanecimos juntos contemplando el río tratando de dilucidar cómo fue que la vida nos volvía a cruzar… una vez más!

martes, 16 de agosto de 2011

BLACKBIRD FLY

Los mandatos sociales y familiares siempre pesan, es voluntad de cada uno analizarlos, tomar lo que para uno vale y descartar el resto... pero cuesta y no todos tenemos el mismo ímpetu!
A medida que el tiempo pasa, voy resolviendo ciertas cosas que tienen que ver con esto; cada vez más me doy cuenta que yo soy la protagonista de mi propia vida, la hacedora… Me gustaría poder elegir mi destino en la medida de lo que pueda... y sinceramente, quisiera poder terminar trabajando de lo que amo, no sé si en un par de meses o un par de años, pero hacerlo... y si solo me dejo llevar por el sistema y sus reglas... nono... ahora todo se trata de consumir y eso nos lleva a un vértigo del que no quiero ser parte... muy hippie??!!!
Bueno, es como pienso, es como soy y ahora que ya tengo 30 (como si eso significara algo, no? pero sonaba bien en mi discurso) es como quiero mostrarme casi todo el tiempo (y digo “casi” porque siempre hay que dejar un margen para ciertas hipocresías formales).
También estoy casi segura que distintas opiniones se deben estar formando sobre mis decisiones tanto entre mi familia como entre mis amigos.
Valoro lo que puedan pensar pero, francamente, me tiene sin cuidado la mirada de los otros en este momento.
No es un ataque repentino de soberbia (lejos está de serlo), tan sólo es algo que estoy aprendiendo estos días, nada más…
Las mañanas en el río son maravillosas, llenas de luces nuevas, despertares y empezares; las tardes son más inquietas, movedizas, a veces inestables; los atardeceres son un sueño, un pedacito de paraíso para los ojos; y las noches son silenciosas, largas y muchas veces insomnes…
Y yo estaré viviendo en el lugar más apacible del planeta, en una especie de olimpo terrenal, pero mi cabeza sigue siendo mi cabeza… y no puede parar!
Dale que te dale, que qué está bien y qué está mal, que si lo que siento o lo que pienso o lo que puedo o lo que debo…
Necesito callar a las vocecitas en mi cerebro.
Estiro la mano y mi mp3 salvador me rescata desde la mesa de luz.
Le doy Play a lo que primero que salte.
http://youtu.be/Jn-DcEjUuQw
Mis rezos musicales siempre me regalan respuestas mágicas.
“Blackbird singing in the dead of night / take these broken wings and learn to fly / All your life / you were only waiting for this moment to arise”...

lunes, 15 de agosto de 2011

LA VENIDA

Me llamo Manuela Leis Lema.
Bautizada así por la buena fortuna de mi hermana en un juego de azar familiar, donde se disputaron distintas opciones para mencionarme, y por la fascinación de mi madre con Julio Iglesias y su tema homónimo.
De cualquier modo, a lo largo de mi existencia me han apodado de mil formas: Meme, Memita, Manu, Manucha, Manola, Manoca, Lela, Leis, Leis Lema, Lele, Gallega, Porotito, Yanyito con cola, Gitana, Tortona y Tota son algunos de los que recuerdo así de un tirón de una lista que parece inacabable…
Desde mi llegada al Delta, me he ganado un nuevo mote: “La Venida”.
Así nombran por estos lares a los que no son isleños natos, los venidos… y yo soy una nueva integrante de ese exclusivo clan.
Finalmente, conocí de a poco a los lugareños… Había acertado con mi pronóstico y me sentí tan a gusto con sus respectivas locuras!
Hay un par de venidos más, pero casi todos son nacidos en las islas, o entre aguas (como sucede muchas veces porque no se llega a destino; de pensarlo me pongo nerviosa, pero, en mis planes está muy distante eso de parir, así que no me adelanto a panicosear).
Muchos son artesanos; hay quienes tienen cultivos de frutas; otros, abejas; hay un matrimonio de zapateros; algunos artistas bohemios y un fotógrafo retirado.
Nos vamos abriendo las puertas y las andanzas a medida que los días pasan, pero me siento bien compartiendo con ellos; me gusta escuchar sus historias y contemplar sus posturas ante ese mundo que es el mismo para todos, pero cada uno ve de manera distinta…
Voy aprendiendo de ellos a convivir con este nuevo entorno, a enamorarme de él y comprenderlo.
Si bien estamos a aproximadamente una hora y media de distancia del ruido de la ciudad, parece que estuviésemos en otro planeta.
Acá, cada arroyo tiene su leyenda, su gente, sus lugares de pertenencia. Las islas forman pequeños pueblos, donde la gente se aúna, como en otros tiempos, para lograr cosas en común.
Las horas transcurren de manera diferente entre el sonido del agua y el cantar de los pájaros.
Es un lugar que definitivamente está rodeado de soledad, de esa soledad de la que casi todos huyen, por temor, por aburrimiento.
Es un lugar que colabora ampliamente para conocerte, para encontrarte… para hacerlo a tu tiempo, no al de los demás…
No es que esté aislada de la civilización, para nada; cuento con teléfono, luz eléctrica y conexión a Internet, sólo que tengo un montón de verde hermoso alrededor y cielo limpio y el río en el fondo de casa y… ahhh!
Es tradicional de esta zona ponerle nombre a las casas…
Me tomé mi tiempo para pensarlo bien. Grave error, cuando pienso y pienso, no hay quien me pare.
Finalmente, armé con mi collage manía el cartel que ahora engalana mi muelle: “LA BIEN VENIDA”…

jueves, 11 de agosto de 2011

NO MAN IS AN ISLAND…

Dice la célebre frase... y yo me fui a vivir a una!
Coexistir junto al río no se parece a nada a lo que yo haya estado acostumbrada.
Bichito de ciudad desde la cuna, siempre disfruté del aire libre y me sentí más plena rodeada de naturaleza que de cemento, pero mis experiencias en campamentos o vacaciones no tienen punto de comparación con mi nueva rutina.
Tuve que aprender de cero.
Mi primer desafío, pasada la vorágine y la excitación de la vuelta de página en mi vida, fue lidiar con los miedos… Ni más ni menos. Maldita tarea.
El tema con los miedos es que uno no tiene a dónde escaparse, dónde esconderse… y mucho menos cuando sentís que estás en el medio de la nada, rodeada solamente de vos misma!
Agarrate Catalina!
Hay que hacer de tripas corazón y darle pa´delante, poniendo el pecho y tratando de seguir, de avanzar.
Los temores venían en formato guía telefónica o Libro gordo de Petete, como prefieran… Se abalanzaban sobre mi, estrepitosamente…
Me abrumaban tantas preguntas: ¿Qué hago yo acá? ¿Y si no me banco ni dos días? ¿Y si la isla está llena de locos? ¿Y si hay tormenta? ¿Y si se corta la luz? ¿Y si crece el río y se inunda todo? ¿Y si no puedo volver a tierra firme? ¿Y si pierdo los remos en mitad del agua? ¿Si me atacan serpientes y arañas? ¿Si me caigo en mitad de la noche y nadie se entera? ¿Si me enfermo y llueve y no me anda el motorcito de la lancha y me caigo al río y me atacan peces extraños y me muero y nadie se percata?
Uh, era terrible… Un torbellino que terminaba cerca de una película de terror clase Z.
Creí que iba a enloquecer… y aún no habían pasado 24 horas desde mi llegada.
Por suerte, no estaba del todo sola…
Chavela saltaba feliz por el parque, se revolcaba por el césped y se asomaba al borde del agua, hundiendo su hocico para formar burbujas sonoras.
Me arrancó una carcajada y eso me relajó.
Caminé descalza un rato y la vista me abrazó dándome la más cálida de las bienvenidas.
Si me muero, más tarde o más temprano, alguien se va a dar cuenta. Y, la verdad, si me tengo que morir, este es un buen lugar para hacerlo. Además, hay menos probabilidades de que me ahogue en el arroyo que tengo enfrente que de que me la den en un asalto en Capital, ponele, o que me pise un bondi, sino. Acá puede haber tantas bichas alrededor de mi casa como en Buenos Aires había ratas y cucarachas. Y si me quedo incomunicada y a oscuras, me abrazaré a Chave y cantaré con toda la fuerza de mis pulmones, como todas las veces que me atrapó el pánico. Si la isla está poblada por lunáticos, me uno al club y me dejo ser de una vez por todas! Y si no me lo banco ni un día, me vuelvo y veo qué mierda hago!!
Y, claro, me di cuenta de golpe qué hacía yo acá…
Vine a encontrarme conmigo misma, a conocerme…